Relato 16: Tinieblas

Planes de última hora, ¿los mejores? Pues no lo sé, aunque ahora que voy un poco borrachilla parece que sí. Hoy creía que iba a ser uno de esos viernes en los que no haces nada, con mata, película, pronto a la cama y mañana con todo el día por delante para ir de compras, a tomar algo antes de ir a comer… Pero no. Mi soso-plan se vino abajo cuando me llamó mi amiga Marta para decirme que la habían invitado a una fiesta en casa de un amigo suyo.

Yo no los conocía hasta esta noche y, como tampoco tenía muchas ganas de salir, me puse algo sencillo y me reuní con ella y con nuestra amiga Sandra para ir juntas allí.

Al llegar, fuimos de las primeras, el plan no pintaba demasiado bien. Unos chicos jugando a la consola mientras bebían cerveza y fumaban porros en un pequeño salón y, en el otro contiguo, otros cuatro chicos rodeando la mesa con todas las bebidas.


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“Al menos la música era buena”, pensé.

Tras la primera media hora y la primera copa, todo se empezó a animar. Llegó alguna chica más y, aunque nosotras somos muy de mirar de arriba abajo a las rivales, era reconfortante no estar tres chicas solas con una docena de tíos.

El dueño de la casa, Alberto, cuando vio que estábamos casi todos, nos preguntó que si queríamos jugar a juegos. Claro está que eran de beber chupitos. ¿Qué chico no va a querer emborrachar a las chicas que están en su casa? A mi me pareció bien. El alcohol ayuda a la diversión y si haces alguna locura es porque te llama la atención y porque quieres, no es porque el alcohol te fuerce a hacer lo que no quieres. O al menos esa es mi opinión. La graduación te libera y libera tu más oscuro “yo” y el más cachondo, aunque a algunos y algunas le saca el violento, pero allá ellos con su forma de divertirse.

Cuando ya íbamos todos bien borrachos, del estilo de que no paras de reírte de risa con cada chorrada y alzas la voz más de lo que quieres y sin darte cuenta, Sandra me cogió de la mano y me llevó a otra sala. Era el despacho del padre de Alberto y allí había una gran mesa y seis sillas alrededor y dos huecos libres.

~ Ya tenemos al último miembro ~dijo al llegar.

Allí estaban el susodicho Alberto, otros dos chicos, David y Sergio, Marta, Sandra y la recién llegada, yo.

~ Vale genial ~dijo Alberto con sonrisita de beodo~. Ya podemos empezar. Cierra la puerta, Sandra.

Sandra lo hizo antes de sentarse.

Yo llegué a mi silla, tomé asiento y levanté una ceja curiosa por saber a qué íbamos a jugar. Sobre la mesa había cartas y cerveza. Yo cogí una lata mientras preguntaba de qué iba todo esto. Al instante los tres chicos sonrieron.

Una docena de rondas y otra cerveza muestro mis cartas sobre el tapete: Doble pareja. Sandra arroja las suyas.

~ ¡JODER! ¡Tiene un trío!

Vuelvo a perder y me toca quitarme otra prenda.

Alberto, David y Sergio aplauden deseosos de verme sin la prenda que tapa una de mis vergüenzas. El sujetador.

Al unísono y a ritmo empiezan a gritar monosílabos cómo para darme ánimo:

~ ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!

Río juvenilmente abochornada y miro a mis amigas. Sandra esboza su magnífica sonrisa satisfecha de no haber perdido mientras que Marta, más metida en el papel real de amiga, se pone en pié, me coge de la mano y dice a nuestros amigos que me voy a quitar el sujetador… pero en el baño, no delante de ellos.

Jalean y hacen la ola deseosos de verme los pechos…

Marta hace un ademán con la cabeza a Sandra y todas nos marchamos un poco tambaleantes, riéndonos y dejando a la vista nuestras espaldas y nuestros traseros protegidos por finos tangas. Al llegar al servicio, Marta me ayuda a quitarme el sujetador mientras me come con la mirada. Luego, Sandra comienza a cubrirme los pechos con papel higiénico, rodeándome como a una momia. Volvemos al despacho del padre, y al llegar, los chicos han apagado las luces.

Todas nos paramos en la puerta y nos empezamos a reír. Yo siento un cosquilleo en el estómago al darme cuenta de lo que puede estar por venir.

De pronto, los chicos salen corriendo hacia nosotras. Nosotras gritamos entre risas e inmediatamente, giramos y huimos de ellos. Volvemos al baño y empujo la puerta para cerrarla…pero justo ellos llegan, se cuelan dentro y echan el cerrojo.

Y después… Silencio en la oscuridad porque ninguna de nosotras nos hemos acordado de dar la luz antes de entrar.

Se escuchan nuestras respiraciones y pequeños susurros. Tantos nuestros como suyos.

~ ¡Aahh!

Me tocan y doy un brinco. Me agarran la muñeca pero siento unos dedos finos… Es una chica. Me acurruco junto a ella nerviosa como una colegiala y nuestros cuerpos desnudos se acarician.

~ ¡Aahh!

Grito al sentir que me tocan por el otro lado. Me echo hacia atrás y me choco con las frías baldosas. Es una mano áspera, de chico. Siento su tacto sobre mi hombro y como se desliza hacia mi cuello… Mmmmm. Me produce un excitante escalofrío.

“¿Quién será?”, pero no me atrevo a preguntarlo. No sé si no lo hago para no romper el silencio o por lo sexy que es el no saber quién es.

También creo que no salto, ni grito, ni huyo de allí porque ninguno de los tres son feos, ni chulos, ni babosos, ni nada por el estilo. Tampoco ninguno es modelo o tan guapo como para que nos pusiéramos celosas entre nosotras. Son muy normalitos, ninguno con abdominales ni con barriga, todos con su toque divertido y nosotras… somos chicas. Con eso a ellos les vale. Además somos chicas de mentalidad abierta y a todas nos gusta probar cosas nuevas y experimentar.

Por otro lado, la situación no es violenta y tampoco nos veíamos las unas a las otras. Y esta ese toque sexy de ser privadas de un sentido para aumentar el placer a través de los otros.

Siento que el chico que está junto a mí se acerca y percibo su aliento justo antes de que sus labios comiencen dulcemente a tocar mi piel. Mmmmm. Dejo a un lado todas mis inseguridades y, aunque estoy en la oscuridad, cierro los ojos.

Mientras me imagino que me está besando alguien completamente distinto, mi actor favorito, comienzo a escuchar suaves jadeos dentro del cuarto de baño.

Sus manos rasgan el papel higiénico que cubrían mis pechos y mis pezones ya endurecidos. El pulso se me acelera, cuando siento los besos apasionados de mi enigmático amante alrededor de mis senos. Excitada, mi mano izquierda busca su cadera y luego… Mmmmm. Sus calzoncillos.

Su sexo comienza a crecer en mis manos. En  las suyas, mis pezones me producen descargas de placer. La lujuria llama a mi puerta y fogosamente le agarro del pelo para atraer sus labios a los míos. Tras unos momentos de pasión, le susurro que comience…  pero él me dice que me espere y me dice que se va a poner el condón, que lo han cogido todos antes de salir corriendo a por nosotras.

Arqueo una ceja.

“Vaya ha pensado en todo”, escuchar lo de la protección me ha gustado mucho y eso me da más seguridad para hacer lo que estoy a punto de hacer.

Escucho como lo rasga y espero, besándole el cuello y acariciándole los testículos, a que se lo ponga. Cuando ya lo tiene puesto, me alza una pierna y, a tientas encuentra mi vagina.

~ ¡Aahh! ~gimo en voz alta al sentirle en mi interior al tiempo que me sonrojo porque todos me han oído.

Me penetra despacito haciéndome sentir toda su envergadura.

Mmmmm.

Poco a poco comienza a acelerar y mis gemidos se mezclan con los de Marta y Sandra que ya también han empezado a follar.

~ ¡Aahh! ¡Aahh!

Lanzo mis manos alrededor de su cuello y, de un salto, rodeo su cadera con mis piernas. Él, atentamente, baja sus manos, agarra mi trasero para mantenerme en el aire y me empotra contra los baldosines y empieza a follarme tan salvajemente como puede.

~ ¡Sí! ¡Sí! ¡Aahh! ¡Aahh!

¡DIOS! ¡No reconocer quien me está follando, me está volviendo loca!

~ ¡Aahh! ¡Aahh! ¡Aahh!

Mi imaginación se dispara y se centra de nuevo en la persona más sexy que existe en este mundo para mí. De placer, clavo mis dedos en su espalda mientras jadeo en su oído.

Uuffff.

Poco a poco comienza a disminuir su frenesí. Le escucho respirando con dificultad, como agotado por el esfuerzo incontrolable del sexo cuando un tío esta súper cachondo. Nos besamos y deshago el nudo de mis piernas y las hago bajar desde su cintura al suelo. Se la saco del interior, le cojo de la mano y a tientas comienzo a caminar hacia la izquierda mientras mis oídos se bañan de sexys sonidos.

Avanzo despacio, como un patito, inclinada hacia delante y con la mano que tengo libre extendida hacia delante para buscar algún apoyo. Voy con cuidado, pero con una sonrisa y con más ganas de diversión.

Por fin doy con algo, ¡menos mal que llevaba mi mano muy abajo! He tocado la tapa del retrete. Me sitúo delante de él, hago que mi desconocido se siente allí mismo, le doy la espalda porque así voy a fantasear mejor sobre quién me está follando y entre los dos conseguimos que su polla vuelva a estar dentro de mí.

Una vez dentro, con los pies firmemente sobre el suelo y con mis manos sobre los muslos, comienzo a subir y a bajar. Me muerdo el labio y me pongo a gozar. Ummm. Mis jadeos vuelven a sumirse con los de mis amigas. Vamos totalmente descompasadas las unas de las otras. Cuando una grita salvajemente, otra gimotea como una ardillita y la tercera jadea a medio gas. Eso hace que me esfuerce más y le ponga más ganas a mis movimientos. Escuchas como grita de placer alguien, además de ser divertido, excita muchísimo tal y como estoy comprobando y hace que una quiera más y más.

Dejo de subir y bajar sobre su polla y ahora me muevo hacia delante y hacia atrás muy velozmente, tanto que se sale de mi interior. Rápidamente busco su miembro. Al agarrársela, se la noto un poco flácida, le masturbo tan rápido como puedo y a los pocos segundos ya vuelve a estar como el tronco de un árbol. Me la vuelvo a meter y reanudo la marcha salvajemente. Siento sus manos subiendo por mis costados y eso me gusta.

Ahora soy yo la que se desboca gimiendo pero de doy cuenta de que sólo estoy yo gritando de placer. ¿Habrán acabado ya los demás? Sonrío con lujuria.

De repente, siento otras manos sobre mis hombros. Se han posado lentamente, con cuidado, de acorde con que no hay visibilidad pero yo no me puedo detener. Sentir ese tacto hace que me estremezca más. Por el tacto, son las manos de una de mis amigas y, una vez que éstas me han encontrado, se van hacia mi nuca y me tiran fuertemente del pelo hacia atrás. ¡¡Dios!!

Abro los ojos de par en par si llegar a ver nada de nada. Todo mi cuerpo se estira y se tensa mientras sigo follándomelo y gritando más y más. He hincado los pedos de los pies en el frío suelo… ¡Me encanta! Y un segundo después, a mis gemidos se les suman los de mi amante secreto. Sus gimoteos son cada vez más y más rápidos y su agarre sobre mi cintura cada vez más y más firme hasta que estalla de placer.

Yo sigo absorta en mi propio deseo hasta que siento que su polla está flácida y debo de parar. Disminuyo mi ritmo, siento que la tensión sobre mi cabello desaparece y apoyo mis manos sobre mis rodillas para respirar con mayor tranquilidad. Siento como mi chico me abraza por detrás dándome la gracias y mostrándome su satisfacción por lo que acaba de pasar.

Teniendo de fondo el latir de mi corazón, escucho cómo los demás se están besando. Así que me giro y hago lo mismo. Nos fundimos en un beso cariñoso y lleno de satisfacción. Nos besamos durante un largo instante hasta que escucho la voz de mi amiga Marta decir:

~ ¿Ya hemos acabado todos?

Todos nos echamos a reír. Se escuchan desde tímidos síes hasta orgullosos: “ya lo creo”.

~ Pues entonces… todos los chicos fuera.

Al principio ellos dudan, pero se ponen en marcha. El mío me da un beso en la mejilla y un pellizco juguetón en la cadera. Me levanto y él se marcha.

~ ¡No miréis hacia atrás! ~grita Marta con tono divertido cuando el primer haz de luz, procedente del pasillo, se cuela en el baño.

Ellos la obedecen y salen. Antes de que cierren la puerta de nuevo se escucha como ellos empiezan a chocar los cinco entre ellos.

Nosotras sin embargo, en la oscuridad… rompemos a reír. Jajaja. Y eso me viene bien, yo al menos necesito tomarme algo más de tiempo antes de verlas las caras, jajaja.

Yo soy de las que más se ríe, me ha parecido ¡tan excitante!, y he gozado ¡tanto!, que no estoy segura querer saber quién ha sido quien me ha follado. Aunque de lo que sí estoy segura es de que él si va a intentar encontrarme. Sino… ¿Por qué me ha dado ese pellizquito en la cadera si no es para diferenciarse de los otros dos, tentar a las tres y descubrir a su amante secreta porque será ella la que reaccione con una sonrisa?

“¿Me alegrará saber quién es? ¿Eso me joderá la experiencia?”

En la oscuridad, me muerdo el labio con intriga y confusión.

Una de mis amigas comienza a abrir la puerta y con la penetrante luz comienza el camino que me llevará a resolver todas esas dudas, puesto que estoy segura, de que algo más va a pasar.

 



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