Relato 13: Futuras Estrellas

¡Hello, everybody! My name is John McArthur and you are welcome to: ¡Interviewing Future Stars!
~ Hoy tenemos con nosotros a Kevin Benjamin quarterback titular de la Universidad de Texas A&M y uno de los jugadores llamados a ser una leyenda en el Fútbol Americano profesional. Buenos días Kevin.

~ Buenos días John. ¿Qué tal?

~ Muy bien Kevin, gracias por preguntar. Espero que no estés muy nervioso por esta entrevista a nivel nacional. Pero, ¡ojo con lo que dices, hijo, o perderás millones en contratos publicitarios! Jajaja ~la risotada de John es acompañada por las risas del público~. Es broma.


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El presentador cincuentón, regordete y con una sonrisa afable hace un parón y pasa una de sus hojas.

~ Para los que no lo conozcan, aunque sería un crimen no conocer a este chico a estas alturas ~dice fijamente con mirada enfatizada a la cámara~. Kevin Benjamin, a sus 22 años, está llamado a marcar una época en la National Football League, en la NFL, gracias a su inteligencia, potencia en el brazo, precisión en el pase ya sea en lanzamientos cortos o profundos y a su habilidad para resolver jugadas rotas cuando tiene que huir de los defensas rivales. Una mezcla entre los famosos Steve Young, Peyton Manning y Aaron Rodgers. Además, es de los pocos jugadores de la historia que ha conseguido ganar dos años consecutivos el trofeo Heisman, trofeo que se otorga al mejor jugador de fútbol americano de todos los Estados Unidos ~John se olvida de la cámara y se dirige hacia el joven~. Kevin, ¿cómo se lleva esto de ser comparado con semejantes hitos del deporte nacional?

~ Bueno John, en primer lugar me gustaría dar las gracias a mi familia y a todos mis compañeros de la Universidad de Texas A&M que, sin duda, me han ayudado a conseguir todos los éxitos a nivel personal y de equipo. Sin su ayuda, esto habría sido imposible.

«Aplausos de fondo del público mientras John bebe agua»

~ Referente a tu pregunta, intento hacer el menor caso posible a todo lo que se habla de mí. En cada partido yo salto al campo mentalizado para ayudar para llevar a mi equipo a la victoria y…

~ Sí, pero… ~interrumpe el presentador~ ¡Dos años seguidos siendo el mejor jugador universitario de todos los Estados Unidos! Pocos jugadores han conseguido eso antes. Eso te pone en el punto de mira ya que desde los diecinueve años estabas en las portadas de revistas, se hablaba de ti a todas horas en la radio, te salieron detractores a mitad de tu segunda temporada, gente que te apoyaba incondicionalmente y que se esperaba de ti lo máximo… A quienes no has decepcionado, por cierto. Incluso has tenido deportistas de élite que se han hecho fans de Universidad de Texas A&M cuando ellos no estuvieron ni cerca de poner los pies en esa facultad. ¿Cómo has podido soportar toda esa presión?

Kevin toma aire profundamente antes de responder mientras que la cámara 3 hace zoom para no perderse ni un pestañeo del joven.

~ John, yo siempre estoy agradecido a todos mis fans y a todos aquellos que me apoyan. En cuanto a las críticas o detractores no fue nuevo para mí tras el primer gran año como Aggie. Llevo el football en la sangre, es mi pasión y desde pequeño siempre he visto como mis jugadores preferidos han sido atacados y alabados, odiados y venerados. Y éstos, claro que algunas veces han fallado pero han continuado trabajando y por ello nunca han defraudado, ellos han sigo mis modelos a seguir. El que la gente te critique o te odie, es algo que debes aceptar tarde o temprano si quieres llegar a lo más alto en este deporte y cuanto antes te prepares para ello mejor. Por ello, también quería dar las gracias a mi coach deportivo, psicóloga y amiga de la familia, Stacy Parker que me ha ayudado en los momentos más difíciles.

«Aplausos entre el público»

La cámara cinto toma un primer plano de la sonriente Stacy que se sienta entre la novia de Kevin y sus padres.

~ Muy interesante tu respuesta ~John hace un parón~. Kevin, has dicho, “es algo que debes aceptar tarde o temprano”. ¿Cuál fue la primera vez que te enfrentaste tú a una situación así?

Kevin se recoloca en la silla y pone las manos sobre la mesa. Primero mira hacia abajo, como si tuviera una carga que le cuesta soportar. Después, mira al afable y regordete presentador.

~ Pues creo que fue con diecisiete años cuando yo estaba jugando en mi instituto. Realmente no tuvo nada que ver con críticas a mi juego, pero lo que ocurrió fue bastante impactante para mí y fue ahí cuando realmente me di cuenta de la pasión que despierta el football en la sangre de este país.

~ Perfecto Kevin, dame un segundo que tenemos que pasar a publicidad y, ustedes ~John mira de nuevo fijamente a la cámara y la señala con el dedo índice~. ¿Se van a perder uno de los hechos más impactantes de la adolescencia de Kevin Benjamin? No se vayan, están viendo… ¡Interviewing Future Stars! We will be right back

«Resuena la musiquita del programa para ir a los anuncios»

~ Hola a todo el mundo, ya estamos aquí de vuelta en ¡Interviewing Future Stars! y hoy tenemos con nosotros a Kevin Benjamin, quarterback de la Universidad de Texas A&M. ¿Qué tal Kevin?

~ Muy bien John, gracias.

~ Para los más rezagados, Kevin estaba a punto de contarnos una anécdota que ocurrió en su adolescencia y que le marcó en su camino al éxito en este deporte que los americanos llevamos en la sangre el football. Adelante con tu historia de cuando tenías diecisiete años, Kevin.

~ Gracias John. Como dije anteriormente ocurrió mientras yo estaba en el instituto. Era un lunes por la noche, estábamos en la semana en la que nos enfrentaríamos a nuestros máximos rivales del condado. Ya sabes, esas rivalidades de instituto que son históricas y que los aficionados esperan a que lleguen durante todo el año. Pues bien, yo estaba en casa y a eso de las diez de la noche escuchamos unos ruidos en la calle. Toda la familia nos despertamos, mi padre nos gritó que nos quedáramos en la casa mientras él, alterado, salía al porche con la escopeta en la mano. Yo le seguí y al salir a fuera pudimos ver como varios de los jugadores del equipo rival golpeaban con bates de baseball el coche nuevo que me acababan de regalar mis padres.

~ ¿Qué coche era?

~ Un Ford Mustang Coupe del 67. Un clásico americano.

~ Bonito coche.

~ No cuando lo vi yo hecho pedazos.

«Risas entre el público»

~ Cierto, cierto. No tiene que ser una bonita imagen ~afirma sonriente John~. Continua, Kevin.

~ Yo comenté lo que ocurrió en el vestuario: a mis compañeros, a los coaches, incluso al director de mi instituto. Lo ocurrido se filtró y salió en los periódicos locales. Tuve entrevistas en las que los periodistas me presionaban para que dijera algo fuera de tono para así poder rellenar sus columnas. Pero no lo hice.

~ ¿Y ahí quedó la cosa? ~pregunta el reportero con un tono de decepción.

~ No, la verdad que no. La verdad es que varios compañeros y yo quisimos devolvérsela, fuimos hasta su campo de entrenamiento un día de práctica y le pinchamos las ruedas a medio equipo. Después, estuvimos haciendo llamadas falsas a las grúas para mantenerlas ocupadas y bien lejos para que no fueran allí… Alguno no dejó el campo hasta bien entrada la madrugada.

«De nuevo, risas entre el público»

~ Cosas de chiquillos. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? ~John dice estas palabras dirigiéndose a cada persona de entre el público y a toda la audiencia, usando un tono dicharachero tratando que quitarle hierro a un delito que cabrearía a más de uno.

~ Espero que no nos denuncie ahora nadie tras tanto tiempo. Jejeje.

~ Jajaja, no te preocupes Kevin, si lo hacen, más de un fabricante de ruedas estará encantado de pagar los costes de abogados y hacerte un contrato para un anuncio. Ya me estoy imaginando el anuncio. Tú golpeando unos neumáticos con barras de hierro, punzones o taladradoras y con el slogan final: “Ni Kevin puede destruirlas” jajaja.

«Más risas entre el público. Alguno hasta se le salta una lágrima»

John espera a que se calmen antes de proseguir.

~ Bueno Kevin, ya hemos comentado quien eres, qué premios has ganado, cuál ha sido uno de los hecho más relevante de tu vida juvenil y que es lo que más te ha marcado en relación al football, pero estamos a escasas tres semanas del draft, a escasas tres semanas de que seas elegido por un equipo profesional y des el salto a la NFL. Lo más normal es que te preguntara sobre qué equipo preferirías que te eligiera, con cuales has hablado, qué coach se ha interesado más por ti y cosas similares, sin embargo, este no es un programa deportivo. Es… ¡Interviewing Future Stars! Así que nuestro público, nuestro público fantástico y sediento de noticias quiere más y más anécdotas. Quiere conocer más al Kevin Benjamin que hay fuera del campo y, uno de los temas más interesantes para ellos es el tema acerca de las chicas. ¿Cómo llevas lo de tener tantas y tantas fans, tantas chicas deseándote y dispuestas a acostarse contigo sólo por ser quien vas a ser y no por quién realmente eres? Mamá y papá tendrán un gran trabajo a la hora de dar el visto bueno a tus novias, ¿verdad?

«De nuevo se escuchan risas en el plató de televisión»

Todo el público se ríe excepto cinco personas. Los rostros de su padre, su madre, su novia, su coach y su psicóloga Stacy permanecen impasibles, con tintes de preocupación. No esperaban que le fueran a lanzar esa pregunta tan temprano en el programa.

Kevin se pone cabizbajo al escuchar el tema que le han puesto encima de la mesa y se toma unos segundos antes de contestar. Traga profundamente y comienza a escuchar en su cabeza el fuerte latido de su corazón. Ese impase inquieta al público por su triste reacción, porque no se sonroja por la pregunta, ni sonríe orgulloso por sus posibles affaires.

~ Veras John, respecto a eso… ~su voz pierde brío. La alegría y la energía con la que había comenzado el programa desaparece~. Es de lo que me gustaría hablar, hoy. Tengo que dar una noticia y aunque te me has adelantado, porque entre mis padres, mi novia, mi coach y demás miembros habíamos pensado en comentarlo al final de la entrevista; lo diré ahora… Así me podré quitar este peso de encima que está sobre mis hombros desde hace ya tiempo.

«Se escucha un sollozo de la madre y se empiezan a escuchar murmullos de preocupación entre el público»

John, incomodado por el camino que ha tomado la entrevista, se amolda en la silla, pone su cara más seria y se dispone a escuchar con atención lo que Kevin tiene que decir.

~ El motivo real porque el que hoy he venido aquí es que quería dar una noticia ante todos los espectadores, ante todos mis fans, detractores, críticos y para todos seguidores del football en general~ dice con voz triste~. Y me gustaría que mi novia estuviera a mi lado al contaros esta historia.

Se hace el silencio mientras la futura estrella busca a su chica con la mirada.

~ De acuerdo, Kevin ~con rostro extrañado, John acepta su petición~. Jennifer, por favor, si eres tan amable de acompañarnos…

Todo el público aplaude con expectación mientras ella baja. Le colocan un micrófono. Jennifer, entra en el plató, se sienta junto a él y le coge de la mano tiernamente.

~ Adelante, Kevin. Cuando tú quieras puedes continuar.

El director del programa pide un primer plano para captar el rostro de Kevin Benjamin, sus ojos humedecidos y la pena que hay en su mirada. Así, ni él ni los millones de espectadores, no se perderán ni un ápice del sensacionalismo de la noticia.

~ Todo ocurrió hace dos meses, en la semana de fin de año. Justo el día treinta y uno nos enfrentábamos a la Universidad de Duke en el Georgia Dome de Atlanta, en el partido conocido como Chick-fil-A Bowl, en el que se enfrentan los equipos universitarios más destacados de la Conferencia de la Costa Atlántica (ACC) y la Conferencia del Sureste (SEC). Fue una semana frenética en el que tuvimos entrevistas, entrenamientos, visitas de los miembros de control anti-doping de la NCAA y otras visitas donde varios de mis compañeros fueron interrogados por la comisión que controla que los jugadores universitarios no reciban “regalos” de equipos de la NFL o de sponsors ya que esto está prohibido en el fútbol universitario como bien sabréis. Yo fui uno a los que llamaron a uno de los interrogatorios porque estaban investigando la procedencia del nuevo coche de lujo de uno de mis compañeros.

Kevin hace una pausa, le cuesta sacar las palabras. Esos recuerdos no son felices para él. No tras lo que ocurrió aquella noche tras el partido.

~ Había nervios, tensión, miedo, hasta recuerdo ver vomitar a varios de mis teammates en los vestuarios. La verdad es que nos jugábamos mucho. El partido no solo iba a ser retransmitido por ESPN sino que, además, era de los últimos partidos de la temporada y aquellos jugadores que queríamos un billete para el draft para jugar en la NFL, no podíamos fallar. No aburriré con los detalles, ya sabéis el resultado. Ganamos a los Blue Devils de Duke 52 – 48, en un gran partido… Y como es casi costumbre nacional tras cada gran partido, había que deshacerse de la tensión acumulada. Georgia está a unos 1.370 kilómetros de distancia de nuestra casa, Texas A&M University. El viaje lo hicimos en avión. Toda la familia, novias, amigos, compañeros, staff técnico; hicimos el vuelo de regreso entre festejos y diversión. Al llegar al aeropuerto de madrugada, toda la ciudad nos estaba esperando. A mí la piel se me puso de gallina al ver a aquella muchedumbre vitoreándonos. No era la primera vez que veía tal recibimiento, pero he ahí un axioma del football: Da igual cuantas veces ganes que llorarás, reirás y se te pondrán los pelos como escarpias al volver a casa y ver semejante cantidad de gente apoyándote, gritando tu nombre y vibrando de emoción por algo que has conseguido. Es algo de lo que nunca uno se puede cansar, yo nunca me habría cansado de recibir ese tipo de sentimientos de la gente aunque pudiera jugar y ganar diez Super Bowls seguidas. Adoro el football.

«Un emotivo: “Oooooh” sale de las gradas del público»

Los ojos de Kevin están lagrimosos por la pasión de sus propias palabras, estaba dando a entender que jamás podría jugar y ganar una Super Bowl. ¿Quizás por una lesión? ¿Quizás por su novia? Los espectadores aplaudieron y el joven quarterback se tocó el puente superior de la nariz para evitar que una lágrima se derramara. El cámara se centró en esa reacción y, después, se deslizó hacia la derecha para enfocar como Jennifer acaricia su mano para tranquilizarle y darle apoyo.

Tras un respiro Kevin levanta la mirada para proseguir:

~ Al llegar a casa, todo el equipo nos subimos a un autobús sin techo mientras éramos escoltados por la policía y perseguidos por multitud de vehículos que tocaban el claxon sin parar. Latas y latas de cerveza pasaban de unas manos a otras hasta que, vacías y espachurradas, eran lanzadas a los bordes de la calzada. Todos gritábamos, cantábamos y besábamos el trofeo con su pequeño balón de plata subido a su pequeño pódium. Lo alzábamos, gritábamos un: “¡yyyeaaaaah!” escalofriante y lleno de embriagada pasión y se lo dábamos al siguiente compañero para seguir bebiendo hasta que llegáramos a nuestra querida universidad. Allí el griterío fue ensordecedor. Todo el campus estaba presente para darnos la bienvenida. Nadie se lo quería perder. Lo curioso es que allí estaban borrachos brincando y berreando todos esos estudiantes que, si horas antes hubiésemos perdido el partido, probablemente o no hubieran estado para recibirnos o si hubieran estado, habrían estado igual de borrachos y más pero increpándonos, insultándonos y llamándonos perdedores. Así de pequeña es la línea que separa el éxito del fracaso, que te alaben o que te insulten, que te quieran o que te odien. Así es el football. Adoro esa delgada línea.

Kevin estira una de sus manos, coge el vaso de agua y le da un trago. La mano le tiembla como si a un novato le hicieran debutar en una Super Bowl, en la última jugada y con su equipo perdiendo de seis en el marcador.

Mientras el quarterback se toma ese respiro, nadie se mueve en el plató, nadie habla, nadie comenta nada. Simplemente esperan a que continúe.

~ Al llegar allí, el autobús se detuvo y comenzamos a bajar de él exaltados, alguno que otro ya bastante borracho, riéndonos y con los móviles en alto grabando aquel momento único. Pasamos a través de la gente que no paraba de gritar al unísono: “¡Texas! ¡Texas! ¡Texas!”

Kevin esboza una ligera sonrisa, la misma sonrisa que un veterano ya retirado puede esbozar recordando uno de sus días de gloria.

~ Avanzamos por un estrecho pasillo flanqueado por agentes de seguridad. Medios de prensa, fotógrafos, fans, familiares, aficionados y cualquiera que quisiera fiesta. Todos estaban allí. Algunos compañeros se paraban, saludaban y levantaban el dedo apuntando a la muchedumbre como diciendo: “¡Sí! ¡Hemos ganado! ¡Eh a ti te conozco! ¡Y a ti! ¡Y a ti!” Osea haciendo lo típico cuando estás eufórico, crecido y eres un joven que se cree Dios en ese momento. Yo salí de los primeros, fuimos hasta el gimnasio de la universidad que estaba cerrado esperando nuestra llegada y dónde, al día siguiente, se dio una gran fiesta para presentar la victoria y el trofeo a toda la universidad. Hubo un show realizado por las animadoras, música de la banda de la universidad y otras tonterías que nosotros hicimos. Además, allí estuvieron al día siguiente el alcalde, el jefe de policía, otros miembros políticos de la comunidad, fans, familiares y, por supuesto, los jugadores del equipo con gafas de sol puestas, tratando de mantenerse en pie, oliendo a alcohol y con resaca.

Parte del público asiente con la cabeza al familiarizarse con la escena. Miles de americanos la han vivido o visto a lo largo de todo el país.

~ Pero, aunque estaba todo preparado para el evento del día siguiente por la mañana, el gimnasio pronto se empezó a llenar con los miembros del equipo y los familiares. Trajeron unas barras y la universidad puso la bebida y la música. A partí de ahí, los recuerdos los tengo un poco borrosos. Recuerdo hablar con el director de la universidad, mi representante también estaba por allí… A mis padres no los recuerdo pero si a Jennifer.

Kevin gira la cabeza para mirarla tiernamente. Ella esboza una sonrisa en un rostro entristecido. La audiencia se conmueve.

~ Recuerdo que la besé con tanta pasión que la alcé hacia arriba entre mis brazos y casi nos caímos. Después, todo continuó: más música, más alcohol… Todos los jugadores estábamos allí, todas las animadoras y mucha más gente que no conocía. Tras una hora, dos… no puedo decirte cuando exactamente, Jennifer y yo salimos juntos de la mano, tambaleándonos de un lado a otro entre risas, eufóricos, victoriosos, sabiendo que tras este último partido nuestras vidas iban a cambiar a mejor. Subimos a la primera planta, del edificio de la universidad, entre apasionados besos y fogosos choques contra la pared. Nos entretuvimos en el descansillo del segundo piso para seguir tonteando y meternos mano, al tiempo que a cada pasito escuchábamos más y más lejos el sonido de la música y de los griteríos del gimnasio.

Una lágrima comienza a caer por el rostro de Kevin mientras intenta esbozar una sonrisa al recodar ese momento.

La audiencia está confusa. ¿Por qué iba a ponerse a llorar si está recordando un momento magnífico de su vida, con su chica y todo un futuro por delante?

~ Recuerdo que sus manos bajaron hasta mi pantalón y que me acariciaba con lujuria. Mientras lo hacía nos besábamos apasionadamente y tras unos instantes, me quitó la chaqueta de Aggie que llevaba puesta. Antes de que cayera al suelo, yo agarré a Jennifer por el trasero y la levanté. También recuerdo eso porque nunca la había visto tan revolucionada. Me encantó verla así.

«Ohhhh»

Al escuchar al público exclamar, Jennifer y Kevin, con lágrimas en los ojos, se sonrojan.

~ Allí arriba, ella me dio un mordisco tan fuerte en el labio que me hizo daño y sangre, y cuando la miré tenía esa expresión juguetona y atrevida que hace que la ame tanto.

Ambos se miran mientras las mujeres del público se llevan las manos al pecho, emocionadas y a punto de llorar. Algo les dice que aquello no acaba bien.

La futura estrella nacional devuelve la vista a John y prosigue.

~ Tras el mordisco, ella se deshizo de mí y subió al siguiente piso conmigo pisándola los talones. La alcanzaba y se me escabullía. La cogía por la cintura, bajaba mis manos por sus pechos, su estómago y, cuando llegaba a su sexo, ella se revolvía y volvía a huir entre risas. Yo volvía a perseguirla. Era como un juego hasta que ella se detuvo en seco ante la puerta de uno de los servicios de esa planta de la universidad y me empezó a hacer gestos para que me callara mientras acercaba el oído a la puerta. Antes de que yo llegara, yacía con una expresión de sorpresa. Sus ojos se exaltaron y me volvió a indicar con su dedo, apoyado tiernamente sobre los labios, que no hiciera nada de ruido. Al llegar, con curiosidad pegué la oreja también en la puerta. En unos segundos identifiqué los sonidos, murmuros de placer y risas con lujuria se deslizaban entre los resquicios que había entre el marco y la puerta. Un subidón de adrenalina recorrió nuestro cuerpo, nos miramos y  nos cogimos de la mano. Sonreímos al leernos los pensamientos mutuamente. Siempre habíamos hablado de hacer alguna locura en la universidad y aquello era perfecto: En los baños, un día que no hay clase, que los guardas de seguridad estarían borrachos o vigilando la fiesta del equipo… Mientras Jennifer y yo nos mirábamos, ella se mordió el labio y ahí fue cuando supe que esa era la señal de aprobación. Apreté su mano y entramos a hurtadillas al baño. No sabíamos que nos podríamos encontrar allí dentro pero eso era aún más excitante.

John levanta una ceja sorprendido, no por la locura en sí de hacerlo en los baños de la universidad sino por la sincera historia que está escuchando. Está seguro que tal sinceridad no acabaría en una simple experiencia de sexo. Su expresión delata que no le está gustando ni un pelo por donde va todo el asunto. Un escalofrío recorre su cuerpo.

~ Al entrar en el baño, gracias al haz de luz que nos acompañó desde el pasillo, pude ver al fondo del servicio y fugazmente, a un chico de color penetrando desde atrás a una chica blanca y morena, que a su vez agarraba el trasero a otro chico blanco que tenía delante, al cual le estaba haciendo sexo oral. Sus potentes gemidos quedaban sosegados al estar saboreando el miembro del otro chico. No recuerdo mucho más de ellos porque en seguida la puerta del baño se cerró a nuestras espaldas y todo se volvió a oscuras. Solo recuerdo la larga melena de ella y pocos más. No sé si ellos nos llegaron a ver en aquel momento porque fuimos muy silenciosos, ellos estarían también borrachos y, claro, estaban más que ocupados. Es una lástima que ellos no pudieran ver lo guapa que es Jennifer, hubieran disfrutado más lo que pasó a continuación.

Kevin lo dice volviendo de nuevo su rostro hacia ella y Jennifer se deshace en lágrimas y le besa. Entre el público se escucha otro emotiva onomatopeya. Al separarse, ella apoya su cabeza en el hombro del joven deportista mientras él continúa con la historia.

~ Tras cerrarse la puerta, Jennifer me empujó contra ella haciendo que me diera un fuerte golpe en la nuca, pero hizo que me olvidara del golpe y de la sangre que me hice al abalanzarse sobre mí para encontrar mis labios. De lo de la sangre en la cabeza no me di cuenta hasta mucho después, cuando me levanté al día siguiente y vi que había unas motas de sangre seca en la almohada de mi cama. Recuerdo que todo lo que ocurrió después fue muy, muy rápido. Ella a oscuras, me comenzó a bajar los pantalones mientras yo me quitaba la camiseta. Sentí sus húmedos labios por mi estómago, por mi pubis y, por fin, por todo mi sexo. Ella estaba tan excitada y borracha como yo. Lo hacía velozmente, recorriéndome todo el tronco y bajando hasta los testículos para coger uno y jugar con él. Estábamos absortos en nuestro mundo cuando de repente, escuchamos de fondo a la otra chica: Primero gimió fuertemente de placer, después, entre jadeos, pidió que se lo hicieran con más energía. Eso nos excitó muchísimo. Jennifer que se puso en pié, me besó, me puso las manos en el trasero y me despegó de la pared mientras yo andaba hacia delante y ella hacia atrás. Caminamos hasta llegar junto a los otros tres, justo al lado del lavabo para lavarse las manos. El trayecto hasta allí a oscuras fue peculiar, yo andaba como un pato al tener los pantalones por los tobillos y avanzábamos muy despacio.

Esas palabras sacan alguna risita entre el público al imaginarse la escena.

~ Cuando llegamos junto a ellos tres, desabroché los vaqueros a Jennifer y comprobé palpando su humedad allí abajo que ya estaba súper excitada. Me encanta que esté así. Fui a bajar a besos por su cuerpo para darle placer como ella me lo había hecho a mí, pero ella no me dejó. Con sus manos agarrando mi miembro, se giró, sacó su culito hacia a fuera y, según me dijo ella días después cuando hablamos de lo que pasó, puso una mano sobre el borde del lavabo y otra sobre la espalda de la otra chica. Ansioso por gozar, entré por detrás con pasión y aceleré dejándome llevar. Ambas gemían con energía. Jennifer, para guardar el equilibrio, se acercó mucho más a la chica morena y al día siguiente me dijo que la agarraba del pelo mientras lo hacíamos. En ese momento, éxtasis y sin pensar, saqué mi miembro de su interior, me puse de rodillas y empecé a lamerle por detrás. Sus gemidos se desbocaron y yo la di un cachete mientras ella se besaba a oscuras con la otra universitaria. Después introduje mi lengua y mi dedo en su interior mientras ella acompañaba a su nueva “amiga” en su énfasis por darle placer oral al chico blanco que no la estaba penetrando. Recuerdo como él gimió de placer y les dijo a ambas que no pararan de chupársela. Ella disfrutaba, yo también. Luego volví a ponerme en pie y la penetré de nuevo. Jennifer gimió al sentirme.

La gente del plató esta con la boca abierta, con los ojos como platos y escuchando atentísimamente.

~ Tras unos instantes escuché como el chico de color dijo que llegaba su orgasmo. No sentí a nadie cambiando de posición, así que imagino que derrochó su semilla sobre el culo o la espalda de la chica morena. Mientras, mis manos recorrían la espalda de Jennifer hasta llegar a su cabello. Lo agarré con cuidado y la atraje hacia a mí. Ella se irguió. Después bajé mis manos por sus pechos hasta acariciarla el clítoris. Ella levantó el brazo por encima de su cabeza y lo desplazó hacia atrás para rodearme la cabeza. Tras besarnos, sentí la presencia de alguien a su lado. La chica morena se había puesto de pie y de frente a Jennifer y la besaba por todo su cuerpo. Ésta comenzó a besar su oreja y tras susurrarle algo, Jennifer salió de mi interior y la otra chica bajó hasta ponerse de rodillas ante mí. Cogió mi miembro al tiempo que yo, a oscuras,  buscaba a mi novia mientras disfrutaba de lo que me hacían. Aturdido por el alcohol y por la oscuridad, miraba pero no la encontraba. Tras unos segundos, la chica morena se puso en pié, me cogió de la mano y me llevó a tientas hasta un retrete. Me sentó en él y se sentó sobre mí para comenzar a cabalgarme salvajemente de atrás a delante. De fondo escuché gemidos. Eran los de Jennifer. Los reconocí al instante, también estaba disfrutando y con otra persona, pero estábamos tan excitados todos que no pensé ni por un instante el detener todo aquello. Era… raro, distinto… magnífico. La chica que yo tenía sobre mí me excitaba muchísimo y no era porque fuera bonita o no, porque no la vi apenas sino por todas esas cosas que me decía al oído que me ponían a cien mientras me cabalgaba. No pude parar, no quería parar. Besé su cuello y sus pechos mientras ella gemía y gemía sin parar de follarme. Nos abrazábamos allí sentados, mordía su labio, arañaba su espalda, botaba sobre mí…

~ De pronto escuché el gemido de un chico que silenció los de Jennifer. Fue el chico blanco que estaba con Jennifer porque al rato, guiada por nuestros gemidos, vino hasta donde estábamos nosotros. Al tiempo que lo hacía, escuché como se abrió y cerró la puerta del baño y como los dos amigos chocaban la mano satisfechos en el pasillo. Nos dejaron solos. Al llegar a mi lado, Jennifer comenzó a besarme el lóbulo, a acariciarme el pecho y el estómago mientras la joven morena seguía a su ritmo, a oscuras. Uuffff. Estaba súper excitado y apenas pude aguantar mucho. Poco después llegó el momento de mi orgasmo y, erróneamente, acabé finalizando en el interior de ella sin preservativo. Fue tanto el placer que estaba sintiendo que no pude controlar nada. Fue la mejor experiencia que jamás he tenido, que jamás hemos tenido… pero esa gran sensación apenas duró unos días. Tras acabar, la universitaria con el pelo azabache se levantó y se marchó. Al irse, Jennifer se sentó sobre mi regazo y nos abrazamos. Ya solo estábamos nosotros dos allí. Nos relajamos y nos fundimos el uno con el otro. Después pasó un tiempo, nos levantamos, dimos la luz, recogimos la ropa que nos habíamos arrancado y nos fuimos a casa.

En la mente de los espectadores empezaron a asaltar atisbos del porqué de contar aquella historia y porqué dicha preocupación, tristeza y lamentos de su madre.

Kevin prosiguió.

~ Al día siguiente todo transcurrió como comenté. Antes de la hora de la comida regresamos al gimnasio para cumplir la tradición de nuestra universidad: bailes de las animadoras, el show de los jugadores, música con la banda y la presentación del trofeo. Al acabar la barbacoa que hicimos tras el evento, yo estaba molido pero mi representante se dio cuenta de los pequeños restos de sangre seca que todavía quedaban en la parte de atrás mi rubio cabello. Yo le mentí en cómo me lo había hecho, le dije que no me acordaba, que me habría dado algún coscorrón por la noche. Él se preocupó y me obligó a ir al hospital. Allí me hicieron pruebas, sacaron sangre y demás. A mí todo aquello me pareció excesivo porque sabía que había sido un pequeño golpe contra la puerta de uno de los baños del tercer piso. Pero no dije nada y, claro, como se supone que iba a ser una estrella en el football profesional pues no escatimaron en cuidados. Incluso el Alcalde, el jefe de policía y el director de la universidad fueron allí al enterarse que estaba en el hospit…

~ Un segundo, Kevin. Acabas de decir “como se supone que iba a ser una estrella…” Lo has dicho… ¿en pasado?

A los millones de espectadores se les encoje el corazón. Si ya es triste de por sí la expresión facial de la ex-futura promesa de la NFL, al ser interrumpido por John que es el único que se da cuenta de su comentario, de su desliz…

Kevin se derrumba.

Llega el momento clave, el momento de su confesión. Multitud de lágrimas descienden por su mejilla y por las de Jessica mientras trata de recomponerse.

~ Sí, John ~ comienza sollozando ~. Sí. Los médicos se dieron muchísima prisa en hacerme todos los análisis que se les ocurrió para ver que había pasado, me hicieron hasta un escáner y todo. Tras medio día esperando los resultados en observación, el Dr. Lean Carson, me dio la noticia.

El cámara vuelve hacer zoom sobre el rostro de Kevin  mientras este está llorando a mares.

~ El… el diagn… No sé por qué hicieron esa prueba. Quizás vieron algo en otros análisis y…

~ Tranquilo Kevin, tómate tu tiempo ~dice John controlando su voz.

Kevin asiente con la cabeza, aprieta aún más fuerte la mano de Jennifer e hincha sus pulmones para llenarse de valor. Mira a la cámara que tiene la bolita roja sobre ella y…

~ Jennifer y yo… tenemos el VIH.

Primero se escucha un silencio de muerte. Luego van apareciendo sonidos de asombro entre el público y por toda la nación. Sus padres, sus managers y sus íntimos amigos rompen también a llorar. La gente se lleva las manos a la boca. John  siente un nudo terrible en la garganta y trata de recomponerse de lo que aquello significa, más allá de la terrible noticia de la enfermedad. Todos en el país saben lo que eso significa. Su estrella, la futura estrella de la NFL ha muerto como tal. Nunca podrá volver a jugar al fútbol.

Kevin, terriblemente entristecido, intenta volver a hablar.

~ A… aquella noche, contrajimos el sida.

Él y Jennifer se abrazan entre mares salados descendiendo por sus rostros. La gente en el público se les une. La escena es funesta.

Tras unos segundos, John toma la palabra compasivamente.

~ Kevin, si necesitáis unos momentos, podéis salir, tomar agua… todo lo que necesitéis. No hay porqué seguir con la entrevista.

Tras unos segundos, Kevin absorbe por la nariz y se separa de Jennifer tras juntar sus labios cariñosamente. Mira a John y le asiente con la cabeza.

El presentador se gira consiguiendo la atención de la cámara antes de decir:

~ Vamos a dejar a Kevin y a su familia un momento para tranquilizarse, son unos momentos duros y debemos darle un respiro. En unos instantes regresamos a: ¡Interviewing Future Stars! Con Kevin Bejamin. We will be right back

 



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