Relato 11: Peligros del WhatsApp

Termino de cenar y me voy a ver la TV con mis padres.

La verdad es que voy más por hacerles compañía que por lo que televisan. Apenas veo la TV porque no me suelen gustar los programas que hay hoy en día. Ellos están viendo el programa de… Ummm, no sé cuál es, pero da igual. La cosa es que estoy sentada al lado de mi padre haciendo caso omiso a sus comentarios y, cuando creo que se dirige a mí, asiento con la cabeza o murmullo algo afirmativamente. No quiero que me moleste, estoy distraída con el móvil escribiéndome con mis amigas.

Tenemos un grupo en el que estamos cuatro, las mejores amigas y hoy estamos en modo palique y palique. Normalmente nos contamos qué tal ha ido nuestro día, y eso que nos vemos en el trabajo un montón de horas, pero cuando estamos con los dedos sueltos hablamos de cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa, de verdad. Cotilleos, series, libros, lo que nos ha pasado al ir hacer la compra, alguna discusión que hayamos tenido o lo que sea. Noticias de famosos, comentarios sobre artículos de revistas, algo que hayamos visto en alguna tienda que nos haya gustado…


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Nos lo pasamos bien chateando, somos casi adictas al móvil aunque hay que decir que muchas veces se nos va de las manos. ¿Que por qué? Porque malinterpretamos el tono de una frase, creemos que una está diciendo algo en serio cuando es una broma, contestamos más borde de lo que deberíamos, etc. Alguna vez ha habido bronca y nos hemos tirado trapos sucios a la cara por culpa de estas cosas. Por suerte nunca ha llegado la sangre al río.

Mmmmm, bueno al río sí pero no al mar porque siempre hay alguien que pone paz. Así que al final acabamos riéndonos al estilo emoticono.

“Ostras, ¿y esto?”, pienso sin hacer ruido para no llamar la atención de mis padres.

Mi amiga nos acaba de copiar una secuencia que le ha mandado un amigo suyo. Voy a ver si la descifro.

Carita colorada con los ojos muy abiertos, como si le sorprendiera algo repentinamente + Carita avergonzada + Carita que… que tiene los dientes como una ¡calabaza de Halloween! No sé si está llorando, triste… ¿Estará temblando? + ¡Uy! Este está sudando por el esfuerzo + Otra vez el emoticono que hace fuerza… + ¡Ahora se pone triste! + Vuelve a esforzarse + ¡Oh Dios! Este se ha asustado al ver… + ¡Hala! ¡Este no lo digo! Que me da vergüenza, qué asco. Sólo diré que el siguiente se está tapando la naricita por el mal olor y el último sonríe aliviado.

— ¡Qué guarra, tía!

Jajaja. Ahora estamos poniendo muchos emoticonos llorando de la risa por la burrada que nos acaba de enviar.

Me rio en voz alta, mi padre gira la cabeza y me mira. Bueno, no me mira a mí, está levantando los párpados intentando leer mis conversaciones de WhatsApp. ¡Como si no se le notara! Disimuladamente me giro y le dificulto la visión.

“¡Qué cotilla!”

Por fin se rinde y vuelve a reposar la espalda contra el sofá. Así yo me puedo concentrar en mis amigas de nuevo.

“¡Ostras!”, exclamo de nuevo para mí con sorpresa.

Devuelvo la vista a la pantalla de mi teléfono y veo, ¡veintisiete mensajes en el grupo! Puff. ¡Pero si apenas he estado pocos segundos sin prestarle atención! ¡Buah! Paso de leerlos, seguro que son tonterías.

Mmmmm, ¿a ver quién más me ha escrito? Salgo de esa conversación grupal y me voy al menú general.

Otras tres conversaciones nuevas… ¡Tela! Todos tíos. Muevo la cabeza con frustración, mira que son pesados. Claro, como aquí es muy fácil escribir una frase y tirarle los trastos a una tía…

Me quedo pensativa por un instante y me asalta a la mente el grupo de mis amigas y lo que no he llegado a leer.

“¿Y si mis han dicho algo importante? ¿O algo sobre mí?”, me muerdo el labio dubitativamente, vuelvo a entrar en el grupo y leo los cuarenta y dos mensajes que hay ahora escritos.

Leo…

Leo…

“¡Tchssss!” Alguien ha escrito y se me sube la pantalla a la misma línea por la que comencé a leer. A ver por dónde iba…

Leo…

Leo…

Buah, lo dicho, todo tonterías. Qué desperdicio de treinta segundos de mi vida.

Regreso al menú principal y ahora veo cuatro conversaciones nuevas en lugar de tres.

“¿A ver quiénes son?”

Es cierto que los tíos son unos pelmas, pero me ilusiono por tener tantos contactos y porque me han escrito sin que yo les escribiera. Eso es que la gente se acuerda de mí. Me enorgullezc… Emoticono orgulloso de mí misma.

Comienzo a ver quién me ha escrito:

Jorge Maco. Ummm, no me apetece ahora hablar con este. Es un friki de series, parece que solo tiene ese tema de conversación aunque de vez en cuando me aprovecho de él y le interrogo cuando me apetece ver una nueva serie. Me recomienda algunas muy buenas.

El siguiente es: Alber amigo de Matty. ¡Madre mía! ¡Todos los días me escribe! Bueno, he exagerado, no todos pero si tres o cuatro veces a la semana. Y digo yo, si apenas le contesto, ¿porqué no dejará de escribirme? Se nota mucho que le gusto y, aunque sea un buen chico, pues como que no. Aún así,  si estoy aburrida hablo con él. No es mal chico pero no me atrae y hoy no estoy aburrida.

— Hola Alber. Lo siento, me tengo que ir a la ducha —no pongo ningún emoticono.

David Barrio. ¿Y este por qué me escribe? ¡Si apenas nos conocemos! Jajaja. Ale, borro la conversación directamente.

Esto es lo malo del WhatsApp. Antes, si un chico quería ligar conmigo al menos tenía que tener las pelotas suficientes para entrarme e invitarme a tomar algo o lo que fuera. Ahora, apenas los conoces y por contestarles durante cuatro días al WhatsApp ya se creen que te vas a acostar con ellos.

Otro de los problemas de este invento son las dichosas palabritas EN LÍNEA o CONECTADO. ¡Pues no ha traído problemas eso en muchas parejas! Los dos tics son de recibido no de leído, ¡a ver si nos enteramos de una vez ya! Aunque ahora con la nueva actualización, a veces salen los dos tics coloreados… Parece que nos quieren liar aposta.

Otra cosa que me quema mucho es cuando me encuentro monólogos tan absurdos como:

— Hola, ¿qué tal?

«No respondo porque no lo he leído»

— ¿No te apetece hablar hoy?

«No respondo porque sigo sin haberlo leído»

— ¿No me quieres escribir? ¿No me quieres hablar? ¿Te ocurre algo?

« Pero qué diablos… ¡Qué todavía no he leído tu: “Hola, ¿qué tal?”!»

Claro, luego cojo el móvil, leo toda la parrafada sin sentido y una se altera.

Me retuerzo en el sofá incomoda. Me he calentado y malhumorado sin darme cuenta. Miro de nuevo al WhatsApp:

Alber amigo de Matty:

 — ¿A la ducha? ¿Sola? Carita sacando la lengua.

“Jajaja. ¡Pero qué dices flipado! ¡Qué confianzas son esas! Si fueras un ex-novio con el que me llevara bien, un rollo o algún chico con el que YO estuviera tonteando, pues estaría permitida esa broma pero tú…”, bufo para mí misma.

Aún así no le suelto ninguna bordería que si no luego me dicen que si tengo demasiado carácter. Pero, ¿qué respuesta esperan los tíos cuando sueltan algo así? Seguro que si le digo que se venga, se raja. Muy gallitos y a la hora de la verdad, se rajan. Y si no se echan para atrás con alguna evasiva o escusa, vienen nerviosos, me penetran cuatro veces, se corren y con eso se creen que saben follar… Patético.

Me levanto violentamente del sofá asqueada y pensando que esto del WhatsApp es una mierda. Sobre todo para nosotras porque parece que estamos las veinticuatro horas del día conectadas y dispuestas para todos los tíos que tenemos en la agenda. Además, es una mierda porque los chicos que yo tengo en mi agenda no solo tienen la posibilidad de hablar conmigo sino que tienen acceso a todas las tías de su propia agenda. Vamos, que se levantan calientes y ponen un: “Hola guapísima. ¿Cómo estás? Me he acordado de ti” y se lo envían a diez tías diferentes con el copia-pega, y seguro que acaban hablando con alguna idiota que se ilusiona porque ese chico les ha escrito.

“Vamos a ver pánfila. Que sólo quieren follar. Si te quisieran hablar a ti en particular, al menos se molestarían en poner tu nombre en lugar de guapísima”.

Si no fuera por mis amigas no tendría esta aplicación.

Mmmmm, bueno mentira, jajaja. Me encanta este invento, es adictivo, estas en contacto con la gente y además ahorras un montón de dinero en llamadas de teléfono.

Voy a ver quién más me ha escrito…

Albert Granada. Esta es la cuarta conversación, la que me faltaba por leer. Mira, a este sí que le voy a contestar, al menos se digna a hablar conmigo de verdad. Además vive lejos, en otra ciudad, lo que implica que no me va a soltar burradas para ligar conmigo hablándome con tono pasota de… emoticono de gallito de corral con la punta cresta hacia arriba. Ni me va a soltar indirectas como la que me lanzó uno de clase el otro día:

— Bueno qué, ¿me paso a recogerte y nos damos una vuelta por ahí tu y yo?

¿Pero dónde está el romanticismo y el trabajárselo un poquito? ¿Porqué me voy a ir yo contigo, tío? ¿Sólo porque vayas de listo y seas guapo? ¿Se creen que no tenemos dignidad y orgullo? ¿Se creen que se nos cae la baba por cualquier pene flácido?

Al recordarlo me siento… cual emoticono enfadado, pero no el amarillo sino el anaranjado, ese que está hasta las narices de todo.

Estoy de mal humor, pero para Albert Granada, no. Seguro que todas tenemos a alguien en el WhatsApp con el que hablamos, nos sintamos como nos sintamos. Y seguro que también más de una vez no nos apetecía hablar y, sin saber por qué, lo hemos hecho y hemos cometido alguna locura. Me gustan las locuras que me propone Albert, son distintas, son fantásticas.

— Hola Albert. ¿Qué tal?

— Bien. Aquí ya en la cama que estoy algo cansado y no echan nada en la tele.

— Carita sonriente.

— ¿Y tú?

— En la cama también, estaba en el salón pero mi padre intentaba cotillear mis conversaciones, así que me he ido.

— Jajaja. Entonces se ha quedado si tu maravillosa compañía. Jeje. ¿Ya tienes tu cuerpo arropadito bajo las sabanas? Carita sacando la lengua.

— Sí. Jejeje —miento, porque todavía estoy poniéndome el pijama.

— Yo igual. Bajo la manta y aquí calentito.

— Jejeje.

— ¿Te apetece jugar a un juego?

Carita con una gran sonrisa. ¿A otro juego de los tuyos? Jejeje, vale. ¿Por qué no?

— Ni siquiera has preguntado qué tipo de juego.

— Jajaja. ¡No, porque ya sabes que los tuyos me encantan! Carita sacando la lengua.

Carita sonrojada. Ok. Entonces si estás lista empezamos. Coge tu mano libre y, lentamente, llévala debajo de tu camiseta, hacia tu estómago.

— ¡Espera, espera! —casi se lo grito jajaja que todavía no estoy metida en la cama—. ¿Qué prisas nos esas?

— Jajaja, perdona creía… Vale, tú avísame y comienzo más despacio.

— Eso es, jajaja.

Cuando estoy lista, sonrío y me preparo. Creo que esta es la tercera vez que me hace este juego, pero me da igual, es algo distinto a usar la imaginación cuando me apetece disfrutar un poquito y desconectar del mundo. La verdad es que no sé como lo hace, no me refiero al juego sino que aún cuando no me apetece consigue que me deje llevar por él.

Suspiro para relajarme y para quitarme el cabreo repentino que me había buscado yo solita. Me tapo hasta las orejas y desde el interior de mi pequeña cueva, miro el móvil y me encuentro:

Inspiro y expiro. Inspiro y expiro haciéndole esperar a propósito. Me estoy preparando…

— Ya estoy. Carita con una gran sonrisa.

— Jejeje. Vale. ¿Lista?

— Lista.

— Vale, comenzamos… Desliza tu mano suavemente por debajo de tu camiseta y con tus dedos acaríciate suavemente el ombligo.

— ¿Lo tengo que hacer esta vez como tú dices o puedo ir improvisando?

— Hazlo como yo digo si no quieres que te castigue. Emoticono guiñando un ojo.

— Jajaja. No puedes.

— Hoy no, pero ¿y el día que nos volvamos a ver? —me ruborizo. Eso me ha pillado por sorpresa. No sé si pasará algún día pero… Uuffff. La temperatura, en el interior de mi cama, aumenta.

— Hazlo. Es una orden.

Mmmmm… Emoticono haciendo el saludo militar. ¡Ups! ¡No hay! Jajaja. Escribo…

— Ok.

Mi mano izquierda es la que tengo libre, la que no sujeta el móvil, y comienzo a deslizarla suavemente hacia el interior. Está fría, y al sentir su tacto contra mi piel, murmullo placenteramente.

— Haz círculos lentamente alrededor de tu estómago.

Mi vello se eriza, cierro los ojos y me sumerjo en la dulce oscuridad. Suspiro alegremente a medida que se me va erizando la piel de todo mi cuerpo.

— Me gusta —escribo a tientas con una sola mano.

— No escribas, no contestes, solo disfruta.

Jejeje, perfecto. Sigo acariciándome.

— Lleva tu mano ahora hacia el costado. Sube y baja sin prisas. Repite el movimiento varias veces.

Mi estomago se contrae cuando toco el lado izquierdo. Comienzo a subir casi hasta la axila y sonrío por culpa de las cosquillas, luego desciendo y repito varias veces ese movimiento. Mmmmm.

En las tinieblas que hay bajo mis sábanas, una luz me ilumina el rostro. Abro los ojos. Hay otra orden.

— Regresa al estómago. Tómate tu tiempo. Después, con paciencia, ve hacia el lado contrario.

Hago lo que me dice. Mis caricias hacen que poco a poco empiece a sentir cada centímetro de mi cuerpo. Me siento súper a gusto.

Es increíble y a la vez curioso, pero cuando acaricio una parte de mi cuerpo, ya sea un brazo, una mano o el costado, el lado opuesto se vuelve más sensible creando como una sensación de envidia que me obliga a ir hacia él. Es como si el segundo se sintiera celoso de que el primero ha sido estimulado y como si me pidiera a gritos que a él también le dé mimos.

Cuando llego al lado contrario… Mmmmm, un gozoso escalofrío me recorre.

“Si me estuviera haciendo esto un chico con una pluma o a besos… Uuffff”, solo de pensarlo me excito un poquito más. Miro de nuevo la pantalla.

— Desliza tus dedos de nuevo al estómago, pero… ¡no lo toques! Solo rózalo sutilmente. Luego dirígete hacia el valle de tus pechos. Aterriza entre ellos y haz circulitos en esa zona.

Uuffff.

Una electrizante sensación se expande por mi cuerpo a cada segundo que pasa. El tacto de la yema de mis dedos se filtra en el interior de mi piel y un atisbo de deseo envuelve mis pechos y sube por el cuello a la vez que baja hacia mi estómago… Esa sensación se expande en todas direcciones. También percibo esa sensación por detrás de las orejas. Me gritan que las acaricie, que me las besen o muerdan. Mmmmm. Mi sexo se humedece más, la temperatura bajo mis sábanas aumenta y mi respiración se entrecorta y acelera por segundos. Una gotita de sudor se desliza por mi frente.

“Por Dios, ¡qué agradable es esto!”

Otro destello.

— Suelta el móvil tras leer estas líneas: Únicamente con el índice de cada mano, recorre la línea curva e inferior que dan forma a tus senos, desde el centro al exterior. Después, baja con ambos dedos a la vez por los costados hasta llegar a la cadera. A continuación, sumérgete en la ingle. Cuando llegues allí… vuelve a coger el móvil.

Abro los ojos como platos al leer sus palabras e inmediatamente tiro el móvil. Se queda a mi lado sobre el colchón. Estoy ansiosa por continuar y, por ello, cumplo al pie de la letra lo que me pide.

Mmmmm.

No sé por qué, pero al pasar bajo la línea de mis pechos una sensación ardiente ha surgido desde las sombras de mi corazón. Me han entrado ganas de dirigirme hacia cada uno de los pezones y acariciarlos para ponerlos más duros… pero no lo he hecho. No puedo, su juego es su juego, si quisiera hacer lo que me diera la gana me masturbaría sin más. Al tener que seguir sus órdenes tengo que reprimir mi excitación y el deseo de hacer lo que yo quiera. Me muerdo el labio mientras mis yemas se alejaban de la zona que deseo estimular… Y por sorpresa, eso me pone aún más. Estoy muy pero que muy caliente.

Continúo con sus indicaciones recorriendo ambos costados simultáneamente hasta llegar a mis ingles…

Uuffff.

Se me escapa mi primer murmullo lleno de placer. Me quedo abstraída por la sensación que acabo de percibir. Trato de bajar, pero me viene a la mente que eso no era lo que él quería que hiciese.

Al instante, se me escapa una pequeña risa tras el travieso pensamiento que pasa por mi cabeza. Podría hacer trampas porque mi cuerpo me pide a gritos que no pare… pero ahí no está el morbo. Si decido jugar debo confiar en que el juego va a ser más placentero que lo que tengo yo en mente, así que alejo mi mano derecha de mi sensible y fogosa piel y cojo el móvil.

— Carita de diablillo sonriente. Has gemido.

No es una pregunta. Lo afirma haciendo que mis mejillas se sonrojen y que me acalore más. Me muerdo el labio con deseo y sigo leyendo.

— Lleva tu mano libre, por encima de tus braguitas, hasta tu clítoris. Acarícialo por encima, recórrelo y deja que esa placentera sensación inunde tu cuerpo.

Lo hago, y lo hago con mucho gusto. Bajo mi mano y comienzo a darme placer. Mi cuerpo se tensa y echo la cabeza para atrás, abro la boca y cierro los ojos. Tras un primer instante, entreabro uno de ellos pero no veo que la luz de la pantalla reluzca. Él está esperándome,  está dejando que me tome mi tiempo. Así que acelero los movimientos haciendo que mi cadera reaccione asombrosamente.

Mmmmm. Siento a través de la fina tela de mis bragas lo húmeda que estoy. No puedo esperar más, deseo tener un orgasmo e, impacientemente, abro los ojos esperando… Ummm, esperando no. ¡Más bien suplicando!, porque haya otra orden que me diga que puedo seguir.

Cojo el móvil y leo.

— Ahora te doy permiso para que cueles tus dedos bajo las braguitas… No sin antes subir y bajar por la línea que conforman tus ingles y tus muslos.

— ¡Joder! —protesto rápidamente.

— Jajaja. ¿Quieres correrte ya?

— ¡Sí! —escribo con lujuria.

— Pues no te dejo todavía. Obedece.

¡Puff! Le hago caso, no me queda alternativa.

Despego mis manos de la tela de mis braguitas y con un dedo por cada lado, recorro mi piel hasta las esquinitas sensibles de mi ingle. Luego comienzo a bajar sumida en un ambiente de sensualidad y tranquilidad. Tras ello, meto mi mano izquierda por el interior de mis braguitas, bajo por el pubis y llego hasta mis labios húmedos. Los comienzo a acariciar como a mí me gusta haciendo que gimoteé en silencio bajo las sábanas. Sigo dándome placer mientras mantengo la boca abierta y miro hacia el móvil…

— Ahora, te doy permiso para que te introduzcas lentamente un dedo… pero sólo la punta, sólo la yema. ¡Nada más!

Inmediatamente lo hago… pero he tardado lo suficiente para ver que sigue escribiéndome más órdenes así que, con la mandíbula desencajada al introducirme lo que me dice, sigo mirando el móvil con el ardiente deseo de que me diga que me corra ya.

— Sácala la punta de tu dedo y vuelve a meterla, ¡despacio! Siente cómo entra, cómo acaricia tus paredes, cómo tu cuerpo te pide más.

“¡PUFF! ¡JODER!”

Le hago caso. Lo saco y lo vuelvo a meter mientras él sigue escribiendo.

— Vuelve a sacarlo…

“¡NO ME JODAS!”

—… y a meterlo.

Intento mandarle a la mierda pero no puedo estar controlando no gemir en voz alta, masturbarme y escribir mientras todo mi cuerpo ruge por recibir más placer.

Uuffff, lo vuelvo a sacar y a meter… Esa tortura me está matando, mis sábanas están encharcadas de lujuria…

— Vuelve a sacarlo…

“¡ME CAGO EN LA PUTA!”

— No mr jpdad!!!

¡Intento escribir frustrada!

— Jajaja, ¿quieres disfrutar más?

— ¡¡¡Siiii!!! —le grito por WhatsApp.

— ¿Seguro?

— ¡JODER SÍ!

— Vale, entonces…

Y deja de escribir.

“Será hijo de puta”.

— ¡ENTONCES QUÉ!

— Entonces quiero que te corras. Así que deja el móvil y termina como tú mejor sabes Y cuando acabes, regresa.

¡¡POR FIIIN!!

He lanzado el móvil en cuanto he leído: “Quiero que te corras”.

Me acurruco en la cama, coloco bien la cabeza contra la almohada y me preparo para gozar. Llevo mi mano peligrosamente hacia mi sexo encontrando mi punto de placer a la primera y comienzo a jugar con él. Lo toco, lo presiono, hago un par de círculos a su alrededor y luego cambio de dirección. Deslizo mi otra mano entre mis muslos. Los acaricio con las uñas.

Traviesamente introduzco el dedo índice en mi interior.

— ¡Aahh!

Lentamente continúo adentrando toda su longitud y al llegar al final, gimo ahogadamente bajo las sábanas. Después lo saco paulatinamente, disfrutando de cada roce, de cada parte de mí que es acariciada, de cada sensación que me recorte.

Mmmmm.

Los pezones se me endurecen al tiempo que me detengo para intercambiar la tarea de mis manos. Estoy húmeda al cien por cien. De nuevo, mi dedo índice perfora la barrera de mi satisfacción. Toco las paredes internas realizando pequeños círculos y a continuación, en forma de gancho, acaricio la zona superior buscando esa bolita interior, mi punto G.

G porque los Gilipollas de los tíos no saben encontrarlo. Jajaja.

— ¡AAAHHH!

Gimo entre risas, jaja. ¡Me encanta!

Siento que el tacto de mi punto G se endurece… Percibiendo que ya está listo para darme mi preciado orgasmo. Desde fuera, localizo firmemente mi clítoris y comienzo a excitarlo con la presión justa y necesaria.

— ¡Dios! ¡Aahh! ¡Aahh! ¡AAAHHH!

Jadeo de placer y acelero los movimientos. Mis piernas comienzan a deslizarse descontroladamente sobre el colchón de mi cama y la sábana se arruga bajo mi peso. Primero murmullo de placer, luego comienzo a jadear en voz alta y segundos después… mi interior se desboca. A cada segundo que transcurre mi cuerpo se retuerce de placer. A medida que llega mi orgasmo, mi cadera se despega más y más de la cama. Uuffff. ¡Continúo! ¡Continúo!

— ¡Sí! ¡Me voy a… me voy a…!

Mis piernas se tensan y los dedos de los pies se contraen. Mi cadera cae sobre el colchón y velozmente se vuelve a alzar…

— ¡Ya! ¡Ya! ¡Aahh!

Vuelve a caer y a subir. Mi pelo vuela alborotado al mover la cabeza de un lado a otro.

— ¡Sí! ¡Aahh! ¡AAAHHH! ¡AAAHHH!

Y de repente, el silencio.

Uuffff.

Mi cuerpo cae inerte, sin fuerzas y envuelto en sudor. Saco la cabeza de debajo de las sábanas y una terrible ola de calor se escapa del interior. Mi cuerpo se estremece por la corriente fresca con la que se encuentra mientras sonrío satisfecha con el cabello cubriéndome el rostro.  Me retiro un par de mechones de los labios y me quedo absorta mirando al techo.

Suspiro.

Y vuelvo a suspirar.

Joder… El corazón se me está saliendo del pecho.

Mis brazos caen paralelos a mi cuerpo y mi codo choca con algo. Mi móvil. Palpo a tientas con la mano y lo intento coger.

Me siento perezosa por culpa del placer que acabo de recibir, pero hago acopio de mis fuerzas y lo recupero, lo desbloqueo y leo.

Carita sorprendida. ¿Siete minutos y todavía no has llegado al orgasmo? Carita sonrojada.

Mezclo una sonrisa feliz con el movimiento de morderme el labio inferior al quedarme satisfecha.

— Jajaja. Ya he acabado.

— Entonces han sido nueve minutos masturbándot… Carita con los ojos como platos.

— Carita con una gran sonrisa. ¡Tonto! Jajaja. Carita sacando la lengua.

— Me alegro de que lo hayas disfrutado.

— Carita sacando la lengua.

— Jejeje. Ummm, ¡oye! ¡Qué morro tienes! Yo también quiero disfrutar.

— También quieres…

— Carita sonrojada.

— Pero, ¿tengo que describirlo como tú o…?

— No hace falta, hazlo como quieras.

— ¿Quieres que me invente una historia? Jajaja. No sé si yo voy a poder…

— Jejeje. Inténtalo pero nosotros somos más fáciles de excitar, no necesitamos tanto detalle.

— Jajaja. Lo sé, lo sé. Sois muy sencillos. Carita con una gran sonrisa.

— Exacto. Simplemente describe como harías…

— ¿Una mamada?

— Jajaja. Puede ser lo que tú quieras. También puede ser cómo me cabalgas porque tiene que ser muy sexy verte salvajemente sobre mí.

— Ya te gustaría. Carita sacando la lengua.

— Pues sí, la verdad es que sí, pero hoy va a ser imposible.

— Mira, eso también es cierto, jajaja.

— Entonces, ¿te animas a ayudarme a disfrutar como yo te lo he hecho a ti? Jejeje

— Ummm, vale. No prometo nada, ¡a ver que se me ocurre!

— Vale, jejeje.

— Seguro que estás más que listo, jajaja. Vale ya sé cómo empezar, el resto ya me lo inventaré. ¿Listo?

— Listo e impaciente. Carita sacando la lengua.

 



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