Relato 15: Noche de Grammys

~ ¡Aahh! ¡Qué susto me has dado idiota!

Sin tiempo para acabar la frase, me agarra la muñeca y me obliga a seguirle. Aprieto los dientes y le susurro:

~ ¿A dónde me llevas?


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Mi chicho no me contesta.

Seguimos avanzando hasta perdernos tras una cortina de color carmesí entrando a una zona oscura y silenciosa. Es increíble que el griterío de los fans no llegue hasta aquí, aunque casi grito yo más que ellos ¡al toparme en el hall con Beyonce!

Me ha emocionado más eso que el premio que estaba a punto de recibir. ¡Sí! ¡Sí! “Estaba” porque como mi novio me está “Se-cues-tran-do”. No sé si…

~ ¡Aahh! ¡Joder! ~exclamo al casi darme en la cabeza con algo metálico y redondo. Me nos mal que me agaché cómo había hecho instantes antes mi chico.

¿Era una tubería con lo que casi me doy?

~ ¿Dónde vamos? ~digo más molesta que intrigada.

Si me llego a dar en la cabeza y tuviera que salir al escenario con un chichón en la frente, lo mato. ¡Es que no sabe que voy a recoger el primer Grammy de mi vida! Miles de horas de trabajo, sudor y lágrimas para llegar hasta aquí y…

Siento un tirón en mi mano que me obliga a girar a la derecha y a agacharme casi hasta ponerme de cuclillas. Ahora, tras llevar caminando un rato, mis ojos se adaptan a la luz y puedo ver un poco mejor donde estoy. Tengo un techo oscuro sobre mi cabeza, y estoy rodeada por un laberinto de tuberías puestas en vertical, en horizontal y en diagonal…

“¿Dónde diablos estamos?”, esta vez me lo pregunto a mi misma, no a él porque no me hace caso.

Se para en seco… sin soltarme la mano. Me agarra la otra y las eleva por encima de la cabeza.

“Pero que…”

Pongo cara de extrañada. Mi pulso palpita ferozmente… Me estoy asustando. Miro a todos los lados. De pronto, escucho unas voces sobre mi cabeza. Miro hacia arriba. Con mi corazón intentando salir de mi pecho, escucho una voz sexy y femenina. La reconozco, es la voz de Nelly Furtado.

“¿Nelly Furtado? ¡Oh! ¡Nelly Furtado! Si ella iba a ser la presentadora de la gala de esta noche. ¿¡Dónde estoy!?”, el tiempo se detiene por un instante y trato de escuchar su voz.

Está dando la bienvenida a una nueva entrega de los Premios Grammy bajo una lluvia de aplausos, vitoreos y con música de fondo.

Distraída en mi cruzada de saber donde estoy, doy un sobre mi piel al sentir algo metálico sobre mis muñecas que seguían por encima de mi cabeza sujetadas por mi chico. Ese tacto es frío y rodea y se amolda al perímetro de mi piel. Después escucho un clic y mis manos queden encadenadas por encima de mi cabeza en el andamiaje de acero que hay bajo el escenario.

Al instante, su mano se ha desliza hacia abajo y, sobre mi vestido, acaricia mi sexo. Intento indignarme:

~ ¡Pero tu estas…!

Pero la forma en la que me toca me ruboriza y lo siguiente lo digo con una muesca de placer, muy lentamente y entrecerrando los ojos.

~ Lo-co.

Mi chico se acerca a mí, pega sus labios a mi piel y comienza, alocadamente, a besarme el cuello. Mi libido se dispara y más aún al escucharle decir juguetonamente

~ No importa si quieres o no, porque hoy mando yo.

Uuffff. Mis defensas caen como un castillo de naipes. Murmuro de placer por culpa de sus besos mientras mi cuerpo se contonea por culpa de lo que hace con las manos. Yo trato de guardar silencio pero el tintineo de las esposas no sigue mis mismas normas. Al intentar inútilmente rodearle con mis brazos, éstas se chocan y emiten un sonido metálico.

Tras un excitante instante, se despega de mí y desaparece bajo las sombras del escenario.

~ ¡Aahh! ~gimo de placer.

Se ha ido a mi espalda y me ha tirado del pelo. Esposada, echo la cabeza hacia atrás. Sus manos acarician mis pechos y cuando bajan a mi sexo escucho que me susurra:

~ Quiero saber lo que sientes por mí.

~ ¡Aahh! ~le contesto.

Siento como mi vestido comienza a levantarse por encima de mi cintura pero… no ocurre nada. Yo ya estoy excitada con una mezcla de creciente nerviosismo y lujuria. Tengo tantas ganas con que empiece como de que acabe. Por un lado la situación me encanta, sus seguridad y su iniciativa pero por otro lado… ¡Joder! ¡Estamos bajo el escenario!

~ ¡Aahh! ~vuelvo a murmurar de placer al sentirle de nuevo.

Ahora agarra mis pechos, me sea la nuca y siento su miembro fuera del pantalón acariciando mis nalgas. Intento ponerme de puntillas para sujetar su polla entre mis muslos. Como la tiene ya dura, no me cuesta nada conseguir mi objetivo y, al instante empiezo a moverme hacia delante y hacia atrás.

Sus labios llegan hasta mi oído para seducirme con palabras:

~ ¿Quieres que te la meta?

Murmuro que sí, y en ese momento, sus manos se alejan de mi piel, dejo de sentir su respiración sobre mi cuello y su miembro se libera de mi agarre. Ya no le siento, ya le he vuelto a perder.

Mi cuerpo, que estaba en tensión, se relaja. Apoyo las plantas de los pies completamente en el suelo y trato de mirar atrás por uno de los lados, contorsionando mi espalda para evitar el obstáculo de mis brazos encadenados por encima de mi cabeza. Y, tras un segundo, me agarra las nalgas provocando que dé un respingo, busca y después acaricia mi sexo con su mano y cuando encuentra aquello que desea, me mete su polla lentamente.

El cabrón se ha tomado ese segundo que separa la línea del deseo y la súplica por él.

A continuación Sus manos se ciñen a mi cintura y comienza a entrar con más lujurio. Mmmmm.

Con fuego arde un volcán, como mi sexo arde con su forma de follarme.

~ ¡Aahh! ~intento reprimir mis gemidos pero no puedo.

Sus embestidas me obligan a ponerme de puntillas de nuevo.

~ ¡Aahh!

Ahora Desplaza una de sus manos hasta mi clítoris por el lado derecho de mi cintura y comienza a masturbarme con manos de experto. Inevitablemente mi cadera enloquece.

~ ¡Oh dios mío! ¡No pares!

No tiene esa intención. Continua dándome placer simultáneamente con dos de las cuatro armas más poderosas que tiene un chico: Su polla y sus manos. Las otras dos son su lengua y las palabras.

Pero aquí prefiero que guarde silencio y no me ponga más cachonda y, en cuanto a la lengua… Ya estoy contenta con que esté haciendo dos cosas a la vez, no le voy a pedir tres que se me satura, jajaja.

Mi mente se distrae con el sarcasmo, no sé si para no gritar como una perra o para evitar llegar al orgasmo porque aquí abajo… Si nos pillan, la guasa en la prensa puede ser de las que quita el hipo.

Siento como su mano se encharca de mi placer. Ahora disminuye el ritmo haciendo que me derrita por dentro, que abra la boca y arrugue el rostro con cada suave penetración. Eso me permite tomar aire.

Al principio, para apaciguar mis ganas de jadear agarraba con endiablada fuerza la barra a la que estaba encadenada pero ahora ya no puedo. Otra vez entra y sale y dejo mi cuerpo deslizarse hacia abajo todo lo que las esposas le dejan. No siento dolor aunque estén sujetando todo mi peso.

Mi chico separa su mano de mi clítoris, me agarra el trasero con fuerza y comienza a acelerar.

~ ¡Aahh!

Siento una descarga de placer que recorre todo mi cuerpo. Esa descarga me llena de energía y me hace enfurecer de placer. Aprieto los dientes mientras me folla salvajemente. No quiero gritar absolutamente nada y redirijo esas ansias hacia cada parte de mi cuerpo. ¡Dios! ¡Qué gozada!

Mis muslos se tensan y junto las piernas con fuerza para notar mejor cada penetración, mi mandíbula superior aplasta a la inferior, frunzo el ceño tanto que terso mi frente mejor que cualquier tratamiento de belleza, mi estómago se contrae con lujuria y mis brazos se vuelven tan duros y fuertes que, cuando siento un fuerte azote, rompen las esposas de un tirón al canalizar toda la pasión de un grito ahogado.

Al resquebrajarse, todo el peso de mi cuerpo cae hacia delante pero mi chico me sujeta. Él está llegando al clímax pero yo, con las piernas en vertical y el tronco hacia abajo llegando incluso a tocar con las palmas en el suelo; no puedo hacer nada.

Siento sus últimas y magníficas embestidas y cómo, acto seguido, saca su miembro de mi interior y termina fuera de mi. En el suelo para no mancharme.

Mientras él acaba, yo relajo mis piernas y me pongo en cuclillas. Me retiro el pelo de la cara y, sonriente, respiro jadeantemente. Tras unos instantes, me incorporo, me atuso el pelo, me recoloco el vestido, me acerco hacia él, le beso y le abrazo.

En sus brazos no tengo prisa. Cierro los ojos, noto su calidez y su amor por mi y nos quedamos ahí durante un momento inolvidable, recuperando fuerzas y bajo el escenario en el que dentro de un rato subiré a recoger mi premio, el premio de luchar por hacer mis sueños realidad.

 



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