Relato 14: Mi primer viaje con mis amigos

Aterriza mi avión.

Mis amigos y yo salimos de la terminal, exultantes de felicidad. Después de mucho trabajo y esfuerzo durante todo el año, hemos llegado a Ibiza… pero ese no es nuestro destino final, sino el Cream-cream Ibiza Birthday. Uno de los mejores festivales de la isla y para el que llevamos esperando meses y meses.

Por fin voy a tener el placer de ver en directo a Paul van Dyk, Eddie Halliwell, Gareth Wyn y sobre todo a mi preferido ¡David Guetta! Ardo en deseos de escuchar su música, rodeada de miles de personas, acompañada de mis amigos y, sin tener hora de regreso a casa.


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Quiero disfrutar de este viaje como jamás lo he hecho. Me siento radiante y, por suerte, el clima nos acompaña.

“Las mañanas de mayo, las mejores del año”, dice mi abuela. ¡Pues es verdad, hace una temperatura fascinante!

Tras llegar al hotel y tirar las maletas, intento movilizar a mis amigos para ir a dar una vuelta por la ciudad, pero los muy vagos prefieren quedarse en las habitaciones. Frunzo el ceño cada vez que oigo algo de su poca iniciativa. Unos me dicen que si hace demasiado calor ahora, otros que si han madrugado demasiado esta mañana para tomar el vuelo y prefieren quedarse a descansar.

“¡Buah! Me da igual. Me marcho yo sola. Así puedo ir donde yo quiera”.

Sonrío alegremente y me marcho de la habitación. Al salir del hotel, me llevo la mano a la cara.

“Puto sol”.

Las chiribitas desaparecen de mis ojos y hecho a andar mientras voy pensando a ver dónde diablos puedo ir. Al adentrarme en una pequeña plaza, me detengo. Observo la belleza del paisaje iluminado por el radiante astro diurno. Hay cientos de flores con colores de todos los tipos: rojas, amarillas, blancas… Miro hacia arriba y observo cómo dos pajaritos juguetean y salen volando uno tras otro.

Sigo caminando.

— ¡Ah! Allí está —digo para mí en voz alta.

Por fin encuentro lo que estaba buscando. Irradiando felicidad, me dirijo hacia la Jijonenca, mi tienda de helados favorita. Al entrar pido un mojito con plátano… Mmmmm. ¡Me encanta! Es una de mis debilidades.

Tras comprar el helado, cierro la puerta de la tienda a mis espaldas y dejo atrás ese tintineo que me es tan familiar. Con la mirada busco un banco a la sombra y me dirijo hacia allí para sentarme y comérmelo tranquilamente. No tengo prisa. Mientras lo hago, vuelvo a ponerme a pensar:

“Y después, ¿qué puedo hacer? ¿A dónde puedo ir cuando me lo acabe?”

Una idea asalta mi cabeza, saco el móvil y comienzo a trastear por internet. Antes de terminarme el helado, encuentro lo que busco. Apuro los últimos restos y me levanto para ir a tirarlo a una papelera.

Tras treinta minutos de paseo por las calles de Ibiza, encuentro mi destino. El hotel donde se aloja David Guetta.

Llevo listo mi móvil en la mano, mi nuevo Samsung Galaxy, para poder pedirle una foto si tengo la suerte de encontrármelo… Aunque, apenas veo periodistas, cámaras o fotógrafos por allí, así que no me hago demasiadas ilusiones.

“Vaya mierda. Si estuviera aquí, esto estaría lleno de gente, fans o algo así”.

Pero, independientemente de las posibilidades que tenga de verle, camino con paso alegre y esbozando mi radiante sonrisa veraniega. Decidida, entro en el hall y voy hacia la recepción con la intención de averiguar dónde está. De pronto, me paro en seco.

“¡Pero, qué hago! ¡Jajaja, joder! ¿Por mi cara bonita me van a decir cuál es su suite?”.

Ese pensamiento me hace sentir un poco ridícula. Rápidamente me giro y me marcho a grandes zancadas. Ni siquiera me doy cuenta de adónde me dirijo hasta que abro los ojos y veo que estoy ante uno de los ascensores del hotel. En su interior está una pareja joven. Al verme, él extiende la mano y detiene la puerta. Yo, acelero con pasitos cortos y, sonrojada, me cuelo con ellos.

Al entrar, me fijo en él.

“¡Uuffff! ¡Qué bueno que está!”.

Con su rollo ibicenco, sus chancletas, su pinta de italiano buenorro…

“¿Dije que eran pareja? Bueno, son un chico y una chica que estaban los dos en el ascensor. Con un poco de suerte no son…”.

Vale, sí lo son. Se acaban de coger de la mano.

Molesta, o más bien celosa, hago una mueca y pulso un botón… ni idea de cuál.

Al llegar a la cuarta planta, la dichosa PA-RE-JI-TA, se baja y las puertas comienzan a cerrarse delante de mí, cortándome la preciosa visión de ambos culitos alejándose de mí. Sobre todo el de ella con ese bikini verde…

Uuffff. Suspiro.

Me entran los calores. Miro al techo.

Un ligero sonido hace que devuelva la mirada al frente. Las puertas se abren otra vez y salgo con curiosidad sin prestar atención a la planta en la que estoy. Al salir escucho voces por uno de los pasillos y, la cotilla que llevo dentro, se lanza al trote en la dirección de donde provienen dichos sonidos. Al girar por el pasillo de la derecha, observo a un chico que está llamando a una de las puertas al fondo del corredor y, en menos de lo que dura un pestañeo, se abre, se oyen risitas y una mano le agarra de la camisa y lo mete para dentro.

Abro los ojos como platos y mi corazón comienza a acelerarse.

“Puff. Joder, otros que van a disfrutar”.

Con envidia, me muerdo el labio de nuevo. Me están entrando las ganas a mí también… Ibiza, buen tiempo, radiante de felicidad… Estoy lista para cualquier loca aventura, pero no la encuentro. Se me escapa un lamento mientras mi cabeza está fantaseando con que apareciera ahora un tío que, sólo con su mirada, hiciera que me derritiese, que me invitara a su habitación y… Mmmmm.

Me invade un sucio pensamiento que provoca un cosquilleo entre mis piernas.

“¡Dios! Podría ser David Guetta, aunque no me parece que esté muy bueno pero… ¡Hacerlo con un famoso de su categoría tiene que ser muy excitante! ¿No?”, río para mí misma.

Sumida en mis pensamientos, me voy girando de camino al ascensor.

¡Pum! ¡Jijiji!

Escucho un portazo a mis espaldas y ese sonido travieso a lo lejos. Me vuelvo y dirijo mi mirada hacia donde vi cómo arrastraban a aquel chico hacia el interior de una habitación. Fugazmente, veo a alguien atravesar el pasillo y entrar en la habitación de enfrente.

¡Pum!

Se cierra la puerta.

“¡Oh Dios mío! No puede ser, no puede ser”.

El corazón se me acelera y de pronto estoy temblando.

“¡Oh! No puede ser, no puede ser. ¿Era…? ¡Dios, creo que sí!”.

Nerviosa, doy vueltas a mí alrededor. Intentando despejar mi mente para concentrarme en lo que he visto y no en lo que me gustaría haber visto. Me llevo la mano a la sien y lanzo el pelo, que me caía hacia delante, hacia detrás. Continúo dando pasitos hacia todos los lados. Me apoyo en la pared. Me muerdo las uñas. Todo sin separar la vista del final del pasillo por si vuelve a aparecer…

Inquieta, no llego a ninguna conclusión. No estoy segura de ver lo que creo que he visto. Durante un largo instante sopeso qué hacer.

“¡Dios! ¿Y si de verdad es? ¡Cómo voy a dejar pasar esta oportunidad! Tengo que acercarme, ¿no?”, pregunto a mi cabecita esperando que ella me dé una solución.

“Yo creo que sí, yo creo que sí. ¡Vamos a comprobarlo!”, me animo a mí misma, pero mis pies no responden. No se despegan del suelo.

“¡Sí! ¡Sí! Venga, que estoy segura de que era ella”, lo vuelvo a intentar y, con las rodillas temblando, siento que avanzo un poquito.

“Sólo tengo que… Sólo tengo que… ¡Me tengo que arriesgar!”, me grito casi enfurecida por mi cobardía. “Porque si luego me entero que de verdad era ella… ¡me muero! Además, ¡no hay nadie de la seguridad del hotel! ¡Es el momento!”.

Consigo llenarme de valor y comienzo a andar hacia la puerta causante de mis desdichas. Al llegar frente a ella, renacen mis dudas.

“¿Llamo o no? ¡Joder! ¿Y si no es?”, vuelvo a comerme la cabeza. “Uuffff. ¡Qué nervios más tontos! Qué más dará lo que piense alguien que no conozco, ¡cómo si nadie se hubiera confundido nunca en algo! Pues si no es… Mmmmm, digo que me he equivocado y ya está, ¿no? ¡Merece la pena el riesgo!”.

Uuffff.

Lleno de aire mis pulmones y cuando suelto el aire, levanto mi tembloroso brazo para llamar con los nudillos… pero aunque quiero llamar, mi brazo no me obedece.

“Joder”.

Me intento recomponer mientras escucho el latir de mi corazón en mis oídos, mientras siento palpitar la sangre que circula por el interior de mis venas… Inspiro e inspiro varias veces hasta que siento que mis pulmones van a explotar y, de un golpe como si estuviera hinchando un globo, suelto todo el aire hasta vaciar mi caja torácica.

En ese momento, lanzo mi mano muy rápidamente, llamo con los nudillos y la resguardo junto a mi pecho.

Al hacerlo, me da la impresión de que he llamado tan fuerte que toda la isla lo ha escuchado. Me siento pequeña al pensar que todos me pueden estar viendo y que están pendientes de mi fracaso… o de mi éxito. Los segundos que paso allí de pie, sola e indefensa, me parecen horas. Respiro aceleradamente y tiemblo sin cesar.

Escucho unos pasos y, después, la puerta crujir al abrirse. Tímidamente entrelazo mis manos delante de mí, levanto las dos cejas con expectación y aprieto los dientes. Me entran ganas de salir corriendo de allí pero, incluso si de verdad lo deseara, no podría porque estoy paralizada. Se me hace un gran nudo en el estómago.

Una corriente de aire acaricia mis piernas y un escalofrío recorre mi cuerpo. La puerta se abre, nuestras miradas se cruzan y el mundo se me cae encima. Observo con lujuria su cabello largo, liso y dorado, sus labios carnosos… Allí está, delante de mí, la chica de mis fantasías. Mi actriz española favorita. Sus ojos de color azul atraviesan mi pecho. Sin saber cómo, me atrevo a mover los míos y escruto su figura lentamente de arriba a abajo, de abajo a arriba. Lleva solamente un bikini y un pareo atado a la cintura.

“¡Dios mío que cuerpazo!”.

— Bonitos ojos —me dice.

— ¿Eh? —balbuceo eclipsada por su belleza.

— Digo, que tienes unos ojos marrones oscuro muy bonitos —dice pacientemente y sin titubear.

Me sonrojo y empequeñezco mi figura como lo haría un gatito al sentir peligro.

— Gra-gra-gracias —tartamudeo.

— No tienes pinta de trabajar en el hotel, ¿me equivoco? —su voz muestra su seguridad.

Niego con la cabeza mientras ella asoma la suya por el pasillo.

Vuelve a escrutar mi cuerpo y, esta vez, siento como si me desnudara con la mirada. Mis muslos se tensan al tiempo que un travieso mechón de pelo cae delante de mi rostro. Inmediatamente, ella estira su mano y me lo retira sin quitarme los ojos de encima. Me ruborizo cuando me toca.

— ¿Nos hemos visto antes? —me pregunta. Yo asiento.

— Un… una vez. En una fiesta de presentación de los Goya. Por dónde pasáis todos. Estaba en primera fila de la valla, te llamé, te hiciste unas fotos conmigo y me firmaste un autógrafo.

Ella afirma con la cabeza… aunque estoy segura de que no se acuerda de mí. ¡Lógico! ¡Saludará a cientos de personas cada noche! No es su culpa.

— Soy… Soy muy fan tuya, ¿sabes? Me encantas…

Arquea una ceja en modo sorpresa al escuchar mi comentario. Mis mejillas se ponen más coloradas aún por culpa de mi lapsus.

— Me… me refiero a que… a que me encanta tu trabajo. Veo todas tus películas, series, escucho tus entrevistas… Eres mi actriz favorita.

Me sonríe.

— Muchas gracias, eres muy amable. Intento siempre dar lo mejor de mí. Mmmmm. Oye, hablar aquí en el pasillo es algo incómodo. ¿Has venido sola?

— Aham.

— ¿Por qué no pasas?

¡Wow! Se me cae la tierra encima. Ahora soy yo quien eleva las cejas de manera repentina y casi me caigo del shock. Me quedo muda y más roja que un tomate.

— ¿Qué ocurre, no te gustaría?

— ¡Sí, sí, sí! —se apresuran a decir mis labios—. Me encantarí…

Sin dejarme terminar, abre la puerta de par en par, me da la espalda y entra hacia el interior sin esperar a que yo la siga. Sabe que lo haré. Cierro los ojos fuertemente, trago saliva y respiro hondo intentando relajarle. Tras repetirlo varias veces, comienzo a caminar hacia el interior con paso dubitativo. Levanto la vista del suelo y miro hacia el frente, pero ya no la veo por el pequeño pasillo de entrada. Estiro la mano y cierro la puerta. El sonido que hace al cerrarse me sobresalta.

Sigo avanzando hasta que llego a una zona donde la habitación se ensancha. Observo que hay un pequeño salón, sofás, una televisión de pantalla plana, una mesa de cristal y unas ventanas enormes con unas maravillosas vistas al mar.

“Esto es magnífico comparado con las habitaciones a las que voy yo de vacac…”.

De pronto, ella sale desde uno de los lados y se abalanza sobre mí. Me pone contra la pared y me inmoviliza contra ella sujetando con fuerza mis muñecas. Pega su nariz contra la mía… ¡Oh Dios mío! ¡Está tan cerca de mí que siento su aliento! Entro casi en pánico. No me desmayo porque mis ganas de besarla son mayores que las de dejarme caer al suelo. Aún así no me muevo, estoy paralizada por esa lucha interna…

Sus labios comienzan a acariciar los míos y, a continuación, los dirige hacia mi oreja.

— Cielo, ¿cómo te llamas?

— La-La-Laura —contesto entre jadeos.

— Muy bien Laura. Espero que nunca hables de lo que va a ocurrir hoy, en esta habitación. Esto no se lo vamos a contar a nadie. Dejaremos que sea un secreto entre tú y yo. ¿Te parece?

Asiento repetidas veces, sumisa y obediente, deseando que comience a be… Mmmmm. Ronroneo de placer cuando la siento por mi cuello.

— ¿Qué años tienes? —dice con los labios pegados a mi piel.

— ¡Aahh! Dieci-dieci… —¡Joder! ¡Apenas puedo contestarla! Mi cuerpo se estremece de placer y todavía no me ha hecho nada—. Dieci-dieciocho recién cumpli-cumpliiiii-aaaah-dos.

Jadeo palabras mientras sigue besándome.

— ¿Recién cumplidos? —me lame el cuello—. ¿Seguro? —vuelve a besarlo.

— ¡Ajá! ¡Ajá! —gimoteo velozmente. Tengo los ojos cerrados… Para disfrutarlo aún más.

— Perfecto entonces.

Posa sus manos en la zona en la que deberían estar mis cartucheras… pero yo no tengo; y, a continuación, sube por mi costado izquierdo con suma delicadeza para introducir una de ellas por debajo de mi camiseta de tirantes. Al sentir su tacto, mi cuerpo entero se estremece y mis piernas se cierran con timidez, pero ella, rápida de reflejos, coloca su rodilla en medio mientras sus labios siguen seduciendo mi piel gracias a su suavidad y los desliza hacia mi hombro justo cuando su mano traviesa llega hasta mi pecho.

— Mmmmm.

Maúllo de placer.

Jadeo y cierro la mandíbula pidiendo más.

“Quiero que me bese y sentir sus labios contra los míos, quiero que me acaricie, quiero que me de placer, que me meta mano y me haga chorrear…”

Con temor elevo mis brazos, los cuales colgaban inertes a los lados de mi cuerpo, y los llevo hacia su espalda para acercarla más a mí.

“Deseo que nuestros cuerpos se fundan en uno solo”.

Ella acepta mi sugerencia y se arrima a mí. Nuestras caderas se juntan y su pierna roza mi sexo provocando que me exalte aún más. Abro los ojos y busco los suyos. Su cabello se los tapa mientras su lengua juega alrededor de mi clavícula. Sin que yo se lo pida, la mano que tiene sobre mi pecho se desliza hacia mi espalda, atrayéndome aún más hacia ella, erizando el vello de todo mi cuerpo y humedeciendo más mi sexo.

Ahora estamos completamente pegadas. No hay espacio entre nosotras.

Mis uñas comienzan a clavarse en su espalda con la misma fuerza que la lujuria se está desatando en mi interior. Lentamente ella gira su cabeza hacia mí y el tiempo se detiene. Dejo de respirar ansiosa por mirarle a sus preciosos ojos azules.

— ¡Aahh!

Mientras sigo eclipsada, ella se va acercando a besos hacia mis labios. Lenta, muy lentamente. Haciéndome sufrir, haciendo que me derrita por ella.

“¡Uuffff! ¡Necesito besarte!”, grito para mí.

Al cruzar nuestras miradas, me pilla mordiéndome el labio. Al verme, ella sonríe y yo me vuelvo a sonrojar. Inclino la cabeza por la vergüenza pero, al instante, ella posa dulcemente su dedo índice sobre mi barbilla y cariñosamente, me obliga a mirarla. Mi pulso se acelera y por culpa de mi impaciencia bajo mis ojos hasta sus labios.

“¡Por Dios! ¡Bésame ya!”.

Mi corazón se dispara y siento un cosquilleo en los labios que quiero que haga desaparecer.

La distancia entre nuestros rostros comienza a desaparecer. Se ha acercado a mi hasta que nuestras narices se han tocado, pero ahí se ha detenido. Su mano retira nuevamente ese mechón liso color azabache que tengo suelto y lo coloca detrás mi oreja. Me estremezco. Inspiro profundamente como si intentara prepararme para estar debajo del agua dos días enteros. Y espero, espero… Mientras ella se acerca, se acerca…

Aguanto sin moverme, porque creo que si hago algo lo puedo echar todo a perder. Así que no me queda más que esperar y esperar ese ansiado beso.

¡ESE ANSIADO BES…!

Mmmmm.

Mmmmm.

¡Oh!

Nuestros labios se funden y mi cuerpo se tensa por completo. Me pongo de puntillas y la abrazo con todas mis fuerzas mientras sigo disfrutando de este eterno instante. Poco a poco, la lujuria se apodera de mí y comienzo a lanzar la lengua para pelear con la suya.

“Uuffff, ¡me encanta!”, estoy increíblemente empapada.

Unos movimientos pasionales apartan mi espalda de la pared y me hace dar vueltas alrededor de la habitación, con ella como compañera de baile.

— Levanta los brazos —me ordena entre besos y besos.

De un tirón, me quita la camiseta y la arroja al aire. Como respuesta, me lanzo a sus brazos y me entrego a ella. De un salvaje salto, entrelazo mis piernas alrededor de su cadera con tanta fuerza que ella se choca con el brazo del sofá y caemos sobre él.

Yo acabo encima de ella pero rápidamente la situación se revierte. Ahora soy yo quien está tumbada boca arriba y ella quien comienza a besarme el estómago mientras mantiene mis brazos sujetos contra el sofá. Jadeo al sentir su calor sobre mi piel. Con la puntita de la lengua comienza hacer círculos en mi ombliguito… Uuffff.

— ¡Aahh!

Sube lamiéndome, como si yo fuera su helado favorito. Mi cuerpo se retuerce de placer. Al llegar de nuevo a mi cuello, comienza a lanzarme mordisquitos que me hacen ver las estrellas. Sube hasta mi labio inferior, lo engancha con violencia mientras me mira como una gatita salvaje y deseosa de placer. Con esa sensual imagen en mi retina, comienza a desaparecer de mi campo de visión recorriendo mi cuerpo en sentido contrario.

Intento relajar la cabeza sobre el sofá y disfrutar, pero sigo muy tensa. Sus labios llegan hasta el botón de mi pantaloncito y, en ese momento, suelta mis muñecas para dirigir sus manos hacia la parte más codiciada por los hombres… y por algunas mujeres. Impulsivamente, me arranca el vaquero, se desprende de él y se detiene, de rodillas sobre el sofá, observándome… Observando a su juguete, su juguete con el que se va a divertir que yace desnudo y a su merced.

Siento como se recrea y disfruta con las vistas. A continuación, me coge una pierna y la sube hasta que mi talón descansa sobre su hombro. Entonces, en ese momento, comienza a saborearme y a recorrer el interior de mi pierna… Sin prisa alguna. Mi sexo se vuelve más y más húmedo a cada centímetro que avanza.

Uuffff. Me vuelve loca que haya momentos de lujuria salvaje mezclados con dulce pasión.

Dirijo mis manos hacia mis pechos y me acaricio mis pezones ya endurecidos.

— ¡Aahh!

Ella sigue bajando por mi pierna, hasta que llega a la zona prohibida. Grito de placer cuando ella se cuela entre mis piernas. Su lengua recorre mis labios menores hasta llegar al clítoris mientras sus dedos acarician mi ingle provocando que se me escape otro dulce gemidito. Hago descender una de mis manos hasta su cabello dorado porque necesito agarrar algo con fuerza.

Impaciente, quiero que se pegue a mí y que me dé más placer. Para ello, elevo un poco la cadera, acercándole esa parte de mi cuerpo que arde de deseo y…

— ¡Aahh!

Mi sexo palpita, está mojado y caliente… ¡Ya no soporto más ese cosquilleo! ¡Quiero que…!

— Házmelo, por favor —le suplico sin saber cómo.

Instantes después, entro en éxtasis.

Ella comienza a coquetear alrededor de mi clítoris y, para mi deleite, esta vez no se detiene, sino que se lo come. Muevo mi pelvis al ritmo de su lengua y… Uuffff. Decide penetrar con ella en mi interior:

— ¡Aahh! ¡Sí! ¡Sí!

La mete mientras con su mano abre mis labios menores dejando todo mi sexo en su poder. Yo intento abrir las piernas todo lo que puedo para facilitarle el camino. Mi actriz favorita, mi fantasía, lo redondea, lo acaricia, lo lame… todo al compás de mis gemidos.

Miro hacia abajo para ver cómo lo hace y, de pronto me encuentro con sus ojos mirándome e intentando sonreírme mientras me da placer.

“¡Oh Dios mío!”

Sus ojazos azules miran hacia arriba buscando los míos. Eso me desboca.

— ¡Aahh! ¡AAAHHH!

Me dejo caer hacía atrás de nuevo y ella comienza a acelerar haciendo que no pueda más.

¡No puedo más! Me llevo las manos hacia los pechos, hacia el pelo, hacia mi estómago… ¡Sí! ¡Sí! ¡Estoy a… a… punt…! Mi pelvis sube una y otra vez.

— ¡DIOS! ¡YAAA! ¡AAAHHH!

Grito con vicio y con lujuria cuando mi orgasmo llega.

¡WOW! ¡PUFF!

Una sonrisa de terrible satisfacción aparece en mi rostro. Guau. Mi pecho se hunde con cada respiración.

Desciendo mis manos para acariciar su cabello y mientras, ella sigue dando me besitos por el interior de mis muslos, miro al techo anonada por lo acontecido.

Siento mi corazón latir como nunca antes lo había hecho.

Tras un tiempo, ella se separa de mí. Yo muevo la cabeza para buscarla y observo que está de pie, al lado del sofá y que sensualmente se va quitando el bikini. Me pongo de costado para deleitarme con las vistas que me ofrece. Me fijo en sus piernas, en su cintura, en sus pechos… Mmmmm.

Cuando acaba, desnuda, me tiende su mano. Yo la tomo sin dudarlo, me incorporo y juntas caminamos dirigiéndonos hacia su habitación.

“¿MÁS? ¡OH! ¡Lo que me espera!”.

Con deseo camino a su lado, llegamos hasta la puerta y vuelvo la cabeza hacia atrás. Justo en esa dirección veo el pedacito de muro contra el que me empotró y me dio el primer y ansiado beso y, sin saber por qué, sus palabras me vienen a la mente:

“Esto no se lo vamos a contar a nadie. Dejaremos que sea un secreto entre tú y yo. ¿Te parece?”.

Recuerdo que asentí repetidas veces cuando me lo dijo y yo me comprometí dándole mi palabra respecto a que nadie se enteraría de lo que iba a pasar allí. Así que, como fiel guardiana, no contaré lo que va a ocurrir en esta habitación, ni si quiera lo escribiré en mi diario para que nadie pueda enterarse. Sólo pondré unas líneas, que sólo yo entenderé y que servirán para que yo jamás me olvide de lo ocurrido:

Abro el cuaderno para escribir la historia de un momento eterno en la vida de una niña buena:

Habitación de hotel,

culpable de mi pecado.

Chica de mis fantasías,

que en mí has despertado,

a la diosa de la lujuria

que en mi interior

siempre he llevado.



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