Relato 22: Dos chicas en vacaciones – Parte 1

Abro los ojos lentamente y observo tu pantaloncito azul con rallas de colores. Más allá, mis piernas desnudas descansan sobre el sofá del apartamento y mis pies desnudos se entrecruzan con los tuyos, “mi princesa”.

“Mi princesa”.

Tu nombre vuelve a mi cabeza y sonrío. Apoyo de nuevo la cabeza sobre tu pecho y me acurruco junto a ti. Me rodeas con tus brazos y vuelvo a sumirme en sueños.


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Mmmmm.

Me siento muy a gusto cuando me echo la siesta a tu lado pero, por desgracia, nuestra escapada a un pequeño y romántico apartamento de aquí de Murcia, se acaba. Hoy es nuestra última noche…

Mmmmm.

Otra vez lanzo un susurro placer… pero no entiendo porqué. Me recoloco y me pongo en posición fetal sintiendo tu respiración en mi espalda desnuda.

Estos tres días me han acercado mucho más a ti. Hemos recordado historias que te han hecho sonreír como casi nunca antes te había visto hacerlo, como cuando estábamos en el colegio y un día yo estaba escribiendo y, sin saber cómo, se rompió mi bolígrafo y me comencé a llenar de tinta toda la mano.

Te dije que me había manchado un PO-QUI-TO con la tinta y tú viste que mi mano y toda mi ropa estaba completamente manchada… comenzaste a reír sin parar. En este viaje he descubierto, más aún, tu lado más romántico y tú también me has hecho reír como una colegiala…

Uuffff. Siento como un escalofrío recorre mi cuerpo. Frunzo el ceño en sueños.

“¿Qué diablos me pasa?”

Me vuelvo a acomodar dejando caer mi brazo a lo largo del sofá.

“Mi princesa”.

Vuelves a mi mente. Al principio me sorprendió que me propusieras este viaje con el poco dinero que tenemos, pero tus esfuerzos han merecido la pena, me ha encantado. Me gustó que cocináramos jutas estos días y que complacieras cada uno de mis antojos sin rechistar. Paseaste conmigo de la mano por el paseo marítimo orgullosa de que fuera tu novia y… ¡No miraste a ninguna otra chica!

Y, por todo eso, ahora yo te quiero recompensaa…

— Aahh.

De entre mis labios se escapa un murmuro de placer. Involuntariamente, contraigo mis muslos al notar que mi sexo comienza a humedecerse… sin mi permiso.

“Mierda, ¿me estoy excitando? ¿Cómo es posible?”

Me desvelo y abro los ojos con cuidad. No quiero toparme con un haz de luz que me deje viendo las estrellitas. Al abrirlos, observo tu pantaloncito de azul con rallas de colores. Más allá, mis piernas desnudas descansan sobre el sof…

¡Un momento!

Mi vista regresa a mis muslos…

— ¡Aahh!

Gimo de placer. A duras penas observo como tus atrevidos dedos han seguido el caminito que va de mi ombligo hacia el jardín de mis delicias. Mmmmm. Siento como jugueteas y cómo encuentras mi puntito de placer.

— Tienes un pelo largo precioso.

Me susurras al oído mientras sigues dándome placer.

— ¡Aahh! ¡Aahh!

Si sexo se humedece aún más. Pones mi cabello tras mi oreja y ciñes tus labios a la suave piel de mi cuello. Comienzas a acelerar los movimientos disparando mis pulsaciones. Tus besos y tú lengua me obligan a gemir cada vez más y más fuerte. Mi cadera comienza a contonearse a ritmo.

— Quieres…

— ¡SÍ! —Te interrumpo.

Tus labios se marchan hasta el lóbulo de mi oreja y tu mano hace más presión.

— ¡Sí! ¡Sí!

Estiro mis manos y agarro los cojines del sofá con todas mis fuerzas. Mi mejilla se apoya también sobre ellos e intento morderlos… pero no puedo porque mi orgasmo llega.

— ¡Sí! ¡Sí! ¡Aahh! ¡AAAHHH!

Uuffff. “Mi princesa”.

Siento como tu mano se separa de mi interior y se desliza sobre mi estómago. Me abrazas cariñosamente y acariciándome con…

¡Uhm!

Hago una mueca pensativa y pícara al sentir tus pezones duros contra mi espalda. Sonrío. Me gusta cuando te excitas simplemente dándome placer y escuchándome gemir. Lentamente me doy la vuelta y me fundo contigo en un beso. Me incorporo y me siento sobre ti, “mi princesa”.

Comienzo dándote besitos por la mejilla, por tus labios… asciendo hasta el cuello. Mis manos se deslizan hacia tu estómago que se contrae al sentir mi tacto. Sigo bajando hasta acariciar tu sexo. Noto como te ruborizas, noto cómo con solo un ligero roce te hago estremecer… Te miro… me miras.

Percibo el deseo que hay en ti. Sé lo que quieres ahora… Tú sabes que yo lo sé y no te mueves esperando no estropear este momento.

Lentamente te voy retirando tu pantaloncito azul mientras tú te muerdes el labio. Tu piel se vuelve de gallina a medida que desciendo. Al llegar a tus tobillos desenredo la dichosa prenda y la sujeto entre mis manos. A continuación, la arrojo por encima de mi cabeza.

Tus pantaloncitos vuelan y chocan contra una mesita, tirando una foto antigua que había allí. Tú ríes, yo rio. Desciendo mi tronco y empiezo a besarte. Primero por los tobillos, gemelos… los laterales de tus rodillas… Mmmmm.

Tu respiración se vuelve más profunda, relajas tu cuerpo por completo y suspiras de deseo. Llego al interior de tus muslos haciéndote gemir. Miro hacia arriba y veo que te estás mordiendo el labio dispuesta a disfrutar. Y, como yo soy muy buena, “mi princesa”, no te hago esperar.

Llevo mis labios a tu ya húmedo sexo y comienzo a recorrerlo con mi lengua. Acaricio tu clítoris, luego lo rodeo, le doy besos juguetones y… cuando siento que ya no puedes más… Me lanzo a lamerlo con todas mis ganas.

— ¡Aahh! ¡Aahh!

Gimes al ritmo de mi lengua. Tus manos descienden y, al llegar a mi cabello, entrelazas tus dedos con él. Con mis manos separo tus labios menores y lamo todo su contorno. Tu cadera sufre un espasmo repentino lleno de gozo.

— ¡Aahh! ¡Aahh!

Siento tu excitación, tu deseo y tu lujuria, así que me lanzo en busca de tu puntito de placer para comérmelo con lujuria.

— ¡Sí! ¡Aahh!

Gritas para mí… lo que me excita aún más provocando una mayor entrega por mi parte. Acelero y acelero. Ahora tus manos se ciñen a mi cabello con fuerza y lo presiono para que no me separe de tu piel.

— ¡Sí! ¡Cariño! ¡Aahh!

Siento que te vas a correr y sigo, sigo entregándome a ti porque sé que te encanta que te lama tu sexo…

— ¡Sí! ¡Sí! ¡Ya, ya, yaaaaaa!

Uuffff.

Lentamente mi pasión disminuye y comienzo a subir a besos por tu estómago en busca de tus labios. Mientras, tu pecho sube y baja profundamente debido a las grandes bocanadas de aire que estas tomando.

Me siento juguetona y, al llegar a tus labios, me levanto sin rozarlos. Tu expresión cambia. Eso no te lo esperabas. Dando saltitos alegres llego hasta la puerta del salón y me apoyo sobre el marco. Giro la cabeza hacia ti y me llevo un dedo a la boca. Te miro con lujuria al ver tu figura desnuda descansando sobre el sofá y, tras lanzarte la más sensual de mis sonrisas, salgo de tu campo de visión…

No miro atrás… Sé que me seguirás.

A los pocos segundos apareces por el pasillo mientras yo te espero apoyada contra la puerta del baño. Arqueo una ceja y pongo una mano sobre tu pecho, ordenándote que te detengas. Tú me obedeces.

Sin contemplaciones, me lanzo a tus labios. Nos besamos y besamos apasionadamente, tal y como más nos gusta. Como si fuéramos las protagonistas de una película y estuviéramos en la escena más ardiente. Al separar nuestras lenguas, de nuevo bajo mis manos y acaricio tu húmedo sexo.

Poco a poco, con pasitos cortos, voy caminando hacia atrás y tú me sigues hasta que vuelvo a mandarte parar haciendo un movimiento negativo con mi dedo índice.

Al verme diciendo que no, te quedas perpleja.

Con un fugaz movimiento me acerco hasta tu mejilla y te planto un beso acompañándolo estas palabras:

— Quiero reservarte para esta noche. Te voy hacer algo especial.

Acto seguido, me doy la vuelta y cierro la puerta del cuarto del baño. Mi diablesa interior salta de la emoción. Río para mí y me meto en la ducha. La verdad es que me gustaría ver, ahora mismo, tu cara de sorpresa. Bueno, de sorpresa o de enfado. Jejeje.

Pero lo que tú no sabes es lo que tengo pensado para ti esta noche y, aunque creas que es una putada lo que te acabo de hacer, yo sé que gracias a esto, esta noche lo disfrutarás más.



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