Relato 23: Dos chicas en vacaciones – Parte 2

Llega la noche… Cogidas de la mano llegamos al borde de la playa. Respiro hondo y disfruto inhalando la brisa marina. Miro al frente, hacia el horizonte pero… este ha desaparecido. Cielo y mar se abrazan allí donde mi vista alcanza. Azul oscuro pervertido por la luz de la luna llena que se alza dominando el firmamento coloreado por cientos de brillantes estrellas.

Damos otro pasito hacia delante.

El suave oleaje brilla bajo el astro que controla nuestras mareas. Te miro mientras mis pies se sumergen en la arena fresca de la playa. Tú… me sostienes la mirada.


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“Mi princesa”, pienso. “Han sido unos magníficos días estando a tu lado. Riendo, disfrutando y durmiendo contigo. Este ha sido el mejor viaje que jamás he tenido y no me quiero marchar sin disfrutar de esta fantasía contigo”.

De nuevo, inspiro profundamente y sonrío cuando el agua salada acaricia mis dedos desnudos. Estoy algo nerviosa pero creo que lo hemos preparado todo muy bien.

Primero, te preparé una cena romántica en nuestro acogedor apartamento, después tomamos unos chupitos mientras jugábamos a… Mmmmm.

Casi me fue imposible detenerte cuando tiernamente me tumbaste sobre la alfombra del suelo y estuviste acariciando todo mi cuerpo con tus manos. Bueno, eso sí lo podía aguantar pero cuando empezaste a besar cada parte que tus dedos habían tocado…

Uuffff.

Era demasiado y tuve que parar. Por eso salí corriendo a cambiarme y a ponerme el bikini. Por eso te dije que cogieras solamente las toallas y dejaras todo lo demás en el apartamento. Y, ahora aquí estamos, juntas y cogidas de la mano a punto de cumplir una de nuestras fantasías.

Damos otro pasito y el agua nos abraza los tobillos.

Me encanta la sensación que está recorriendo mi cuerpo. El momento previo a darte placer. Deseo recompensarte por todo lo bien que me has hecho sentir estos días. Mi diablesa interior continúa empujándome mar adentro. No te suelto. Tú me sigues. Un estremecimiento recorre mi cuerpo cuando mis muslos y mi estómago entran en contacto con el agua.

Cuando paro de caminar, una ardiente sensación exalta mi sexo. Son tus brazos rodeando mi cintura. Mis latidos se aceleran. Me llevo las manos a mi cabello, me lo aparto de la cara, lo echo para atrás suspirando por un beso tuyo.

Te colocas enfrente de mí. La mar está en calma, vestida con su traje azul verdoso. El tiempo se detiene mientras nos miramos. Tus ojos oscuros no se separan de los míos.

“Me encanta cuando me miras así, me haces sentir única”.

Lentamente acercas tus labios a los míos y, mientras, mis manos bajan hacia tu culito…

Al sentir mi tacto, tu cuerpo entero se estremece. Mis labios se alejan de los tuyos antes de haberlos tocado y comienzan a seducir tu piel gracias a la suavidad con la que los controlo. Los deslizo hacia tu hombro.

— Mmmmm.

Te escucho murmurar de placer y te leo el pensamiento, “mi princesa”: “Necesito tus besos. Uuffff ¡Quiero sentir tus labios contra los míos!”.

Jadeas y cierras los ojos pidiendo más.

Traviesas, mis manos se cuelan por el interior de tu bikini y te agarran fuertemente el trasero para elevarte de la arena. Tú acompañas el movimiento con tus piernas y las entrelazas alrededor de mi cadera provocando una pequeña turbulencia en las aguas en calma.

El oleaje golpea suavemente nuestros cuerpos a la altura de nuestros pechos. Una vez sujeta, alejo mis dedos de tu trasero y los utilizo para recorrer tu espalda. Ejerzo una leve presión para atraerte hacia mí, eliminando la distancia que separaba nuestras cinturas.

— Aahh.

Jadeas cuando te lanzo un mordisquito en la clavícula. “Eso te va a dejar marca, jijiji”.

Poco a poco me voy acercando hasta tu cuello. Uuffff.  Te deseo… Elevas tus manos, las llevas hacia mi pelo y, de un lujurioso movimiento, atraes mi cabeza para fundir tu lengua con mi boca.

Mientras nos besamos fogosamente indiferentes a las posibles miradas en la oscuridad de la playa, tus manos rodean mi cuello y las mías bajan lentamente por tu sinuoso pecho. Después, llegan hasta tu bikini y las introduzco en busca de tu sexo.

Al palparte, incluso estando bajo el agua, siento que estas húmeda y excitada. Mmmmm. Lo rozo, lo acaricio y lo rodeo mientras gimes en mi oreja. Sonrío al ver que te gusta lo que te hago, Mi princesa. Me lanzo hacia ti y te muerdo el labio.

Acelero mis movimientos volviendo a perturbar la tranquilidad de las aguas nocturnas. Tu mano izquierda baja por mi espalda y tus uñas se clavan en mi piel como sinónimo de placer.

— ¡Aahh!

Tus gemidos empiezan aumentar de volumen  extendiéndose hasta el oscuro horizonte. Me abrazas con fuerza para no separarte de mí y apoyas tu mejilla contra mi hombro. Con cada movimiento, tu mandíbula se abre más y más.

La vista se te nubla cuando tomo unos mechones de tu cabello y tiro hacia atrás. Mientras te doy placer, percibo el excitante contraste entre mi fuego interior y el frío del mar. Lentamente disminuyo mis movimientos y escucho como tu respiración se relaja. Levantas el rostro de mi hombro, lo colocas frente a mí y, con esa chispa en tu mirada que me encandila, me besas con ternura.

Disfrutamos de ese beso sin importarnos que nos salgan arruguitas en los dedos por llevar mil minutos en el agua. Al separarnos, me atrevo a mirar por encima de tu hombro, hacia las aguas y el hecho de no poder ver nada y no saber qué hay bajo aquella inmensidad hace que me excite aún más.

Juguetón, mi dedo índice, en forma de gancho, quiere  introducirse en tu interior a sabiendas que jamás te han hecho nada parecido… Por eso, llevo mis labios a tu oreja y te susurro, con dulce voz, que confíes en mí, que deseo que compartamos esta experiencia, que quiero ser yo esa primera mujer que rompa el candado de la puerta que nos muestra el camino a la lujuria.

Tu nerviosismo aumenta pero yo me giro hasta encontrar tus labios. Al instante te beso, te beso para compartir mi calidez contigo, para pasarte mi fuerza y darte seguridad, para demostrarte que no estás sola en este importante paso y que puedes confiar en mí porque lo único que quiero es que seas feliz.

Tú me abrazas con más fuerza y murmuras afirmativamente. Noto tu pecho chocando contra el mío en cada respiración… Llevo una de mis manos hasta tu pelo y lo acaricio cariñosamente y tras unos instantes… mi mano regresa al lugar del pecado y comienzo a acariciar tu sexo de nuevo…

Hasta que poco a poco voy introduciendo la yema de mi dedo en busca de tu punto G.

— ¡Aahh!

Instantáneamente gimes para mí y te lanzas a besarme el lóbulo de la oreja suavemente haciendo que me derrita por dentro. Sé que te ha gustado así que continúo avanzando y jugando en tu interior.

— ¡Aahh! ¡Sigue, sigue!

Me ordenas. Yo obedezco porque siento que estás fuera de control…

— Shhhhh —te susurro porque, “mi princesa”, estás gritando de gozo sin darte cuenta. Cualquiera nos podría pillar.

— ¡Aahh! ¡Aahh! ¡No pares!

Es tanto el placer que sientes que no puedes parar de gemir. Aumento el ritmo… Uuffff. Me olvido de todo y me concentro en darte placer. Busco tus labios y me lanzo a ellos. Yo jadeo para ti para fundirnos en uno. Me separo de tu boca y clavo mis ojos en los tuyos.

Observo tus ojos abiertos de par en par en puro éxtasis y veo como tu mandíbula se desencaja con cada gemido.

— Me voy a…

Me dices. Yo aumento la pasión de mis movimientos.

— ¡Sí! ¡Sí!

Echas la cabeza hacia atrás y cierras los ojos para gritarle a la mar:

— ¡Sí! ¡Sí! ¡Me co…! ¡Sí! ¡Cariño! ¡Sí!

Uuffff… Me dejas maravillada al escuchar anunciar tu orgasmo. Poco a poco, me detengo y tú, dejas caer todo el peso de tu cuerpo sobre el mío mientras las aguas nos bambolean a su merced.

Pasados unos minutos de paz y tranquilidad, te comienzo a acariciar y te levanto la barbilla hasta que nuestras naricitas se chocan y, justo en ese momento, te beso, te beso como jamás lo había hecho, haciéndote mía más de lo que ya eras. Haciendo que te sientas como una princesa.

Al separar nuestros labios, me sonríes y yo te devuelvo la sonrisa. Lentamente liberas mi cadera del nudo de tus piernas y comenzamos a caminar de vuelta a la orilla, dejando a nuestras espaldas la mar, la luna y nuestra fantasía hecha realidad.

 

Viaje de verano,

viaje apasionado.

 

Esta semana

contigo a mi lado,

he disfrutado como

jamás he soñado.

 

Me has hecho feliz

siendo como eres:

alegre y risueña.

 

Me has hecho reír,

siendo como eres

salvaje y traviesa.

 

Pero aunque este viaje llegue a su fin:

Viaje de verano,

viaje apasionado.

Mi princesa, yo siempre querré

estar a tu lado.



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