Relato 18: Castigo en la Roma Antigua

Año 40 d.C. Una Villa a las afueras de Roma.

Me llamo Calpurnia y soy una esclava romana. Hace una semana era una joven pobre pero libre. Las dificultades en mi casa, el poco dinero que teníamos en la familia me llevó a la prostitución. Trabajaba para Claudio Leandro, en su lupanar. Un edificio de madera, muy amplio y de dos plantas.

Una de las noches, dos hombres muy ricos vinieron y pasaron la noche con mi compañera Gaya. Ellos la eligieron por su belleza y por su gran habilidad para satisfacer a tantos hombres como a ella se le antoje. De bien es sabida su pasión por las pollas masculinas y su apetito insaciable.


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Antes de subir con ellos a la más lujosa de las habitaciones pude observar, las reliquias y parte del dinero que ostentaban: Bolsas de telas con denarios de plata y AS de bronce, anillos, colgantes…

No me lo pensé dos veces.

Estaba en un barrio muy lejano al mío, trabajando por poca cosa a cambio de satisfacer a todo tipo de hombres: afeminados que querían follarme vestidos como mujeres, gordos que llevarían años sin verse la polla, eunucos que no podían follar pero que querían ver a mujeres disfrutando de los placeres de Afrodita, pretorianos, centuriones o mercenarios que venían bajo las influencias de Baco, el Dios del Vino…

Ya estaba cansada de todo aquello y vi la oportunidad de llevarme sus bolsas y todo lo que pudiera una vez que cayeran rendidos al apetito de Gaya. Así que esa noche esperé a que todo el mundo se fuera a dormir, a que se apagaran todas las velas y a que el último gemido se desvaneciera. Después, salí de mi habitación dejando allí a mi compañía, recogí mis monedas, entré en el cuarto de Gaya y mientras los tres dormían, cogí las bolsitas llenas de monedas y me fui con mi botín.

Una semana después fui detenida, juzgada y condenada a la esclavitud debido a la magnitud del robo. Toda mi familia lloró pero por suerte para ellos, escondí bien las monedas y no las encontraron en el registro que hicieron de mi casa. Mi madre y mis hermanos podrán comprar comida e incluso mi padre podrá comprarse mejores herramientas para hacer así mejores espadas, cascos y armaduras en su pequeña herrería. Estoy feliz por ellos. Mis hermanitas no tendrán que pasar por lo que he pasado yo y mis hermanos ya no tendrán que ir a robar a los mercados ahorrándose así las palizas y los golpes que se llevan cuando consiguen saquear alguna moneda o alguna gallina.

Yo soy fuerte, puedo soportar este castigo hasta que reúna el suficiente dinero para comprar mi libertar. Además, mi vida no distará demasiado en cuanto a la pobreza. Como esclava, probablemente acabe estando mejor alimentada y más aseada… Pero también todo depende del amo al que me van a vender.

Ahora estoy en camino de conocerle, estoy encadenada y arrastras, me llevan hasta el lugar donde nos venderán. Hemos entrado en una villa desconocida para mí, debe pertenecer a alguien increíblemente rico.

Somos más de veinte esclavos los que vamos juntos flanqueados por centuriones romanos. Avanzamos hasta el patio interior de la mansión principal de la villa mientras escucho un relajante sonido. Música de arpa.

El patio es precioso y en el centro hay dos pequeñas piscinas separadas por un caminito de baldosines. En cada una de ellas hay una sirvienta enmascarada y desnuda gateando sensualmente en el agua. Al llegar a la mitad de la pasarela, nos detienen y nos golpean detrás de las rodillas hasta que caemos de rodillas.

Soy la única mujer encadenada, los demás son guerreros tracios, africanos y otros romanos como yo que han seguido mi misma suerte.

Muchos de los invitados allí presentes posan sus miradas sobre mí y sus murmullos se alzan por encima de la exótica música. La dueña de la Villa, al vernos, alza una mano para acallar las voces y la música mientras un fornido esclavo de tez morena y mirada salvaje se acerca con una bandeja y vino… ella lo rechaza con un además con la mano. Al girarse para marcharse me fijo en sus anchas espaldas de color chocolate pero al instante ella le agarra de su musculoso brazo y hace que se detenga.

Se acerca al esclavo y le susurra algo al oído. Éste le da la bandeja a otro esclavo mucho más delgadito y hambriento y después se acerca hasta el centurión que comanda nuestro grupo. Le transmite las instrucciones de su ama y, acto seguido, ordena a sus compañeros que lleven a todos los hombres encadenados a que los asen para prepararlos para la venta.

Tras un pequeño revuelo y tras el forcejeo de varios condenados, todos desaparecen dejándome a mí allí sola sobre la pequeña pasarela que separa en dos en pequeño estanque de agua que hay en medio del patio interior.

Al quedarme en soledad, todos los asistentes a la fiesta me miran, murmuran, ríen y brindan. Yo siento miedo al no saber qué es lo que está pasando.

De pronto, la dueña de la Villa, aparta su mirada de mí, se gira para mirar a todos sus comensales y, de un grito, ordena que comience la fiesta.

La música de arpa vuelve a sonar y los allí congregados se preparan para gozar. Hay dos sirvientas en el agua del estanque y comienzan a moverse sensualmente al ritmo de la música.

Lentamente, el esclavo de piel oscura, se acerca a mí. Sus pies se adentran en la pasarela mientras me fijo en su pecho y abdominales de gladiador.

¡¿Qué me va hacer?!

Al ver como se desabrocha la única prenda que lleva tapando sus vergüenzas, lo comprendo.  Arqueo una ceja al ver lo que tiene entre sus muslos. ¿Este va a ser mi castigo como esclava?

Primero mi temor se convierte en vergüenza, me ruborizo al ver ese gran látigo de piel oscura. Luego me acaloro, Mmmmm. ¡Madre mía!

Me muerdo el labio.

Al llegar hasta mí, sus manos retiran mi túnica rasgada, dejando mis curvas a la vista de todos los invitado y acto seguido, me acaricia mis pechos sin permiso. Le golpeo con los grilletes que rodean mis muñecas y le empujo con lujuria, no con rabia o miedo. Si lo que me van a pedir como esclava es que entretenga a invitados ricachones mediante espectáculos de sexo, creo que esto no va a ser tan duro como yo imaginaba.

De mi empujón, él dulce chocolateado resbala y cae en el agua. La gente inesperadamente ríe, aplaude y vitorea. Pero yo apenas les presto atención, al trabajar como meretriz ya estoy acostumbrada a follarme a gente que yo no he elegido, pero si a quien me toca hacer el amor es increíblemente sexy… ¿Por qué no voy a disfrutarlo si me encanta el sexo?

Al verle allí abajo, mojado, empapado… Mmmmm, mi chocolate dorado. Uuffff. ¡Me encanta mi castigo!

Salto al agua y coloco mi cadera sobre la suya. Acaricio su cuerpo… fuerte como una roca. Mmmmm. Desciendo mi  tronco y beso donde le he golpeado mientras que, con mi otra mano, desciendo hasta toparme con su gran sexo.

~ Qué grande la tienes ~le susurro.

Él sonríe orgulloso y yo, tras meneársela con la mano y hacer que crezca, me la introduzco en mi interior.

~ ¡Aahh!

Arqueo mi cuerpo y gimo hacia al cielo. Contoneo mi cadera al ritmo de la sensual música de arpa. Dibujo movimientos circulares sobre su miembro.

~ MMMMM ¡Aahh! ¡Aahh!

Apoyo mis pies en el fondo del pequeño estanque, me coloco en cuclillas y comienzo a recorrer todo su miembro mientras mis manos encadenadas apoyan sobre su pecho.

~ ¡Aahh! ¡Aahh!

Gimo potentemente atrayendo hacia mí todas las miradas.  La gente guarda silencio mientras jadeo con cada penetración. Todos me escuchan con atención. Sentir todas esas miradas hace que me excite más. También están cerca las dos sirvientas que bailan en el agua, observo sus cuerpos semidesnudos y cubiertos con pintura dorada que va desapareciendo poco a poco. Llevan máscaras que ocultan sus rostros.

Ellas se mueven sensualmente, se acarician, se besan, se mojan… Todo sin que llegue a ser obsceno, todo lo contrario. Sus movimientos son gráciles, son eróticos. Buscan besarse pero no llegan a rozarse, son cautivadoras.

Las firmes manos de mi hombre me agarran la cadera y hace que yo me detenga. Eleva un poco la cabeza para evitar que las idas y venidas del agua le entre a los ojos o a la boca y, mientras me mira lascivamente, empieza a penetrarme desde abajo salvajemente.

Yo desencajo la mandíbula al sentir la monstruosidad que me está penetrando. Jamás me había metido nada tan grande y larga. La siento por todo mi cuerpo. El agua chapotea bajo su musculoso trasero y yo grito y grito como jamás lo había visto antes.

Los allí presenten comienzan a excitarse y llego a observar como hay mujeres aristócratas que hacen descender sus manos bajo sus prendas. Había mujeres que se estaban acariciando sobre su stola, pero había otras que directamente introducían los dedos bajo sus subuculas de seda o lino, que había bajo la stola.

Aquello tenía claros tintes de acabar en una orgía de más de dos docenas de personas. Yo ya había oído algo sobre la nueva moda entre las clases altas de roma y, la verdad, que me intrigaba todo aquello.

De pronto, mi hombre de chocolate se pone de pie conmigo a cuestas como si no pesara nada. Me eleva y me lleva hasta la pasarela. Apoya mi espalda contra la fría piedra, me eleva las piernas y comienza a penetrarme salvajemente.

~ ¡AAAHHH!

Gimo incontroladamente de placer. Su gran polla ni si quiera me entra entera, él está penetrándome alejado de mi por más de un puño de distancia. Le dejo hacer mientras veo las estrellas en el firmamento. Un cielo despejado con una gran luna que me ilumina, ayudado por muchísimas antorchas que hay repartidas por todo el patio.

Tras tenderme sobre las piedras y penetrarme, mi sexy esclavo no ha aminorado la marcha ni un instante. Va tan rápido como le permiten los dioses. Yo no paro de gozar. Todo su cuerpo está en tensión, está en una espléndida forma porque ni si quiera le noto cansancio en su respiración. ¡Quiero más!

Trato de relajarme para disfrutarlo aún más. Sus manos ahora agarran mis muslos para darse más impulso y yo elevo el tronco para mirarle. Extiendo mis manos y me aferro a sus musculosos brazos.

¡Le gimo que siga! ¡Qué no pare! ¡Qué me encanta!

Algún aristócrata lo grita también.

~ ¡FÓLLATELA!

~ ¡HAZ QUE GRITE!

Todos están excitados. Escucho de fondo como ponen denarios en el suelo y apuestan sobre cuánto va a durar.

~ ¡Quince embestidas!

~ ¡Treinta!

Yo no las cuento. Cierro los ojos y me desboco a gritos.

~ ¡AAAHHH! ¡AAAHHH!

¡Quiero que esto dure una eternidad!

El rostro de mi follador, comienza a arrugarse, aprieta muy fuerte los ojos y la mandíbula. Trata de resistir el correrse pero mis gritos de placer no se lo ponen fáciles. Ni tampoco dos hombres y una mujer que se han acercado al borde del estanque. Uno está con una rodilla en el suelo y los otros dos, de pie pero agachados hacia delante. Hacia nosotros. Y le gritan, le gritan por encima de mis jadeos para que el esclavo de tez oscura les escuche y les obedezca:

~ ¡Aguanta! ¡Aguanta un poco más!

~ ¡No le hagas caso! ¡Por Apolo! ¡Córrete ya!

~ ¡Sigue! ¡Sigue!

~ ¡Acaba! ¡Maldita sea! ¡Acaba!

~ ¡AAAAAAAHHHHH!

Y sucumbió. Las últimas embestidas son tan potentes que me hacen daño. Él aparta mis piernas hacia un lado y deja caer todo su gran peso sobre mí. Está rendido y yo también.

Ambos nos quedamos tirados en la pasarela recobrando fuerzas mientras escucho de fondo a la mujer y a los dos hombres, riendo y maldiciendo por haber ganado y perdido la apuesta respectivamente.

~ Por las pelotas de Zeus, ¿cómo aguantó tanto? ~escucho decir a uno de ellos mientras se alejan.

Tras unos segundos, trato de girarme para quitarme de encima al peso muerto que está sobre mí. Cuando lo hago, veo que me mira y me sonríe. Parece muy joven y se le nota más que satisfecho pero apenas he tenido tiempo de retomar fuerzas o abrir la boca para decirle algo, cuando llegan dos soldados y me cogen por las axilas. Me levantan haciéndome daño y nos ponemos en marcha hacia una de las entradas principales que dan, de la casa al patio. Cruzamos toda la zona de la aristocracia sintiendo como me comen con la mirada y, al comenzar a subir los tres escalones que me llevan a las independencias interiores, escucho a la dueña de la Villa alzando su voz por encima de la música y diciendo:

~ ¡Muy bien! ¡Francamente espectacular! Ahora pasaremos a vender los esclavos que han llegado y, cuando hayamos acabado con ellos, subastaremos a esta joven, sensual y obediente esclava.



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