Alimentos afrodisíacos, ¿funcionan?

Si atendemos a factores culturales e históricos, enraizados en la cultura popular, la respuesta sería plenamente positiva. Si buscamos un sólido sustento científico la situación es menos clara para los alimentos afrodisíacos.

¿Por qué se utilizan los alimentos afrodisíacos?

La RAE define como afrodisíaco a aquello que excita o estimula el apetito sexual. Existen diversas versiones mitológicas sobre Afrodita, la diosa griega de la que se deriva el calificativo afrodisíaco.

Comida, sexo y amor son necesidades básicas naturales conexionadas entre sí.  Evidentemente una persona hambrienta es difícilmente compatible con una situación romántica y ante una fuerte impresión física producida por la cercanía de ciertas personas suele olvidarse el apetito. Pero en términos de moléculas, de fisiología ¿existen alimentos afrodisíacos capaces de estimular los deseos sexuales?


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Nuestra cultura histórica nos dice permanentemente que sí, desde los relatos más antiguos hasta la actualidad. Posiblemente la primera mención es la de unos papiros egipcios de alrededor del año 2000 a. de C.: “Tus labios, esposa mía son como panal rezumante; hay miel y leche bajo tu lengua y tu ropa tiene el olor del incienso”. También en el Kamasutra se indican alimentos afrodisíacos como la leche y la miel entre los sistemas para incrementar el vigor sexual masculino.

En la medicina tradicional china se usaban remedios a base de hierbas, como la raíz de ginseng. Los árabes destacaban el valor de los perfumes, las fragancias y cosméticos para multiplicar el placer sexual, mientras que para los sajones, plantas con apariencia fálica como zanahorias y espárragos eran muy reputados.

alimentos afrodisíacos
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¿Qué dice la ciencia sobre los alimentos afrodisíacos?

El cerebro es nuestro órgano sexual por excelencia. Todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones placenteras corporales están mediados por la actividad de algunas de nuestras neuronas. Hasta el orgasmo tiene lugar por la activación de ciertas vías neuronales y la desactivación de otras.

Y todo ello tiene lugar a través de neurorreceptores, neurotransmisores o células nerviosas. Y, principalmente, ello sucede en el sistema límbico, una porción cerebral muy primitiva, muy parecida en el hombre, monos o ratones. Lógicamente, los componentes químicos de nuestros alimentos u otras sustancias pueden afectar a esa compleja maquinaria.

[bctt tweet=”Los alimentos afrodisíacos son ideales para disfrutar”]

La oxitocina es una hormona natural cuyo nombre significa nacimiento rápido ya que tras su descubrimiento, en 1900, pronto se conoció su participación en la inducción del parto. Se produce en el cerebro, en el hipotálamo y, aparte del anterior efecto baja la tensión, ayuda a la relajación y tiene un papel crítico sobre nuestras emociones estimulando las conexiones personales y los sentimientos amorosos. Diversos alimentos como huevos, pollo, manzanas, plátanos, melón o semillas germinadas de trigo promueven su producción y la de otras sustancias que facilitan estados placenteros (serotonina, dopamina, noradrenalina, etc.)

La dopamina es el protagonista neuroquímico principal de la sensación de enamoramiento ya que activa nuestros circuitos cerebrales límbicos de recompensa que hacen que algo nos parezca malo, bueno, indiferente o glorioso. Y la dopamina también está involucrada muy activamente en el fenómeno de  la adicción, el deseo de repetir la satisfacción.

alimentos afrodisíacos
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¿Está bien empleada la definición de alimentos afrodisíacos?

Otras  sustancias muy relacionadas con el circuito cerebral de recompensa son la serotonina y la familia de las endorfinas. En cualquier caso hacen falta más investigaciones que liguen los componentes concretos de algunos alimentos con sus posibles efectos finales y que cuantifiquen su acción.

Entretanto lo prudente es creer a la FDA americana cuando afirma que no existen alimentos que por sus efectos se puedan denominar propiamente como afrodisíacos. En el último número de hace unos días de la revista FOOD RESEARCH INTERNATIONAL los investigadores John P. Melnyka y Massimo F. Marcone han revisado profundamente el tema, aceptando la existencia, en algunos casos de ciertas intensificaciones sexuales, pero indicando que se necesitan más y mejores investigaciones para aclarar los mecanismos de actuación.

Sin embargo y como conclusión, la ciencia moderna, actual, sólo reconoce un pequeño número de sustancias afrodisíacas, una de ellas es la cantárida (“mosca española”), formada por restos secos y triturados de abadejo, pero debe tenerse cuidado, ya que es extremadamente peligroso utilizarla como alimentos afrodisíacos para los humanos por su elevada toxicidad.

 

 



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